EL ROMPEOLAS (II)

pensativa

Me quedé petrificada. Sólo un lametón de Baddy logró sacarme del trance.

No sabía que contestar. Mantenía fija su mirada en la mía.

¡Díos! Me costó un esfuerzo enorme romper ese magnetismo. Tan solo alcancé a murmurar una escueta despedida a la que él, ni siquiera contestó.

Salté a la arena y comencé a andar como un autómata. No quise mirar atrás aunque notaba esos ojos verdes fijos en mí. Los sentía y los veía en mi mente.

El camino de vuelta se hizo interminable. Iba con el tiempo justo. Una ducha caliente y la prisa por llegar a la oficina mantendrían mi cabeza ocupada. Al menos eso esperaba.

Después de un duro día de trabajo, interminables llamadas, montañas de papeles, reuniones…regresé a casa. Aún no había decidido si repetiría mi paseo  diario por la playa.

– Pero…¡era mi paseo! ¿Por qué cambiar o prescindir de algo que me gusta? ¿Por qué? ¿Por un desconocido? –

– Si no quería verle, con no llegar al rompeolas, todo solucionado-

– Es un “pirao”, seguro.- Pero un “pirao” con unos ojazos de infarto, eso es jugar con ventaja. Con mucha ventaja. Mis armas son mucho más inofensivas, eso suponiendo que las tenga.

De momento voy a dormir, estoy agotada.

Cuando suene el despertador…decidiré. 

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