EL ROMPEOLAS (III)

lluvia en la playa

Llueve en la playa

EL ROMPEOLAS III

A las seis en punto sonó el despertador al contrario que otros días salté como un resorte de la cama, hasta Baddy me miró extrañado.

Al salir a la calle me encontré con un cielo encapotado amenazando lluvia, incluso ya se podía oler a tierra mojada. Eso no era obstáculo para nuestro paseo pero sí para el “hombre contemplativo”, al menos eso pensé. Sin embargo no estaba segura de si me alegraba por ello.

Elegimos por supuesto nuestra ruta habitual, no iba a permitir que un desconocido influyera en mi rutina. ¡hasta ahí podíamos llegar! 

Nada más pisar la arena de la playa comenzaron a caer las primeras gotas, la temperatura era cálida y agradecía el frescor de la lluvia.

Inevitable fue dirigir mi mirada al rompeolas, como imaginé no había nadie en aquel mirador privilegiado. Resoplé primero con alivio, después con decepción.

– ¡Al final van a tener razón los hombres cuando dicen que las mujeres somos complicadas!-

– No Baddy, no te lo digo a tí. No sabes la suerte que has tenido de nacer perro-

Dejar salir mis pensamientos en voz alta fue abrir la puerta a una maraña de sentimientos, ideas, ilusiones y desesperanzas…noté como mi entusiasmo, mi fuerza vital, se venían abajo. Mis pensamientos negativos devoraban a los positivos. Dos gotas surcaron mi rostro hasta mis labios, eran saladas, ya sabía que había perdido la batalla, de nuevo tendría que dar al “reset”, volver a buscar mis metas y las ganas de superarme.

Tan absorta estaba en mis pensamientos que no vi como un hombre se acercaba a mí, al igual que yo, no llevaba impermeable ni paraguas, debía estar calado hasta los huesos.

– ¡Otro loco suelto!- sonreí, era gratificante no sentirse sola.

Cuando levanté la vista observé al hombre “sopa”. Se había parado.

¿Me esperaba? ¡Dios! Ahí estaba otra vez.

Baddy también le reconoció, buscó un palo y meneando la cola se fue hacia él (“Cría cuervos y te sacarán los ojos”) 

-¿Por qué elegí un Golden y no un Doberman?- murmuré. 

Se agachó y le recibió como si de su dueño se tratase. ¡Lo que me faltaba! No me quedó más remedio que continuar mi camino y acercarme hasta allí, la lluvia había cesado.

-¡Baddy no seas pesado! ¡Deja a este chico en paz!

– Alex – Y extendió su mano- Ayer te fuiste tan rápido que no pude presentarme.- El apretón de manos fue firme y seguro por ambas partes.

– Turi – Contesté – Es un apodo cariñoso con una larga historia- Me justifiqué. Fue un acto reflejo, no sé por que motivo solté el nombre que utilizo solo en mi entorno más íntimo. Pronto empiezo a hacer concesiones, mal empezamos.

– Creo que nos vendría muy bien un café, estamos empapados.

-Gracias, pero mejor otro día. Se me ha hecho tarde- estaba “acojonada” además de horrorosa con el pelo mojado.

– Bien, como quieras. En otra ocasión será.

– Sí – Contesté – Adiós

-Hasta mañana- 

Dí media vuelta y salí huyendo por segunda vez consecutiva.

– ¡Turi!

Me giré al oír mi nombre, empezaba de nuevo a llover con intensidad.

– No existe ninguna desilusión que no se pueda volver a alimentar. No desperdicies tus lágrimas.

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