EL ROMPEOLAS IV

EL ROMPEOLAS  IV

Según mi superior es muy probable que en breve vuelva a Madrid, mi cometido está prácticamente concluido con éxito, en plazo y forma. Una medalla más para mi curriculum, no puedo quejarme.

Llevo tres meses viviendo junto al mar, lo echaré mucho de menos. El sonido de las olas, el olor del mar, la arena bajo mis pies llenan mi alma de ese sosiego, paz y libertad que tanto necesitaba. Pero si he de ser sincera, Madrid me llama, soy una enamorada de mi ciudad natal, pasear por El Retiro, por el Pº El Prado, los teatros de la Gran Vía, las tapitas en La Latina…¡Dios! voy a parar o la nostalgia me invadirá.

Desde que me instalé , mi hija adolescente viene a visitarme fines de  semana alternos. Mañana Baddy y yo iremos a la estación a recogerla y aprovecharemos al máximo cada minuto.

Cuando me separé, mi hija, mi perro y yo formamos una nueva familia y ahora, por mi trabajo, su padre y yo  intercambiamos los papeles. Siempre busco actividades para compartir, pasamos las noches conversando ¡Hay tantas cosas que contar! Aún hablando a diario por teléfono, no hay nada mejor que contar confidencias, anécdotas y experiencias cara a cara, abrazada a la almohada y mirando su carita. ¡Se hace mayor! Aún no había decidido si hablaría con ella de mis encuentros con el “hombre misterio”.

Sin embargo sí tenía decidido hacer un cambio en mi aspecto físico. Llevaba meses sopesándolo y cada vez que pasaba por delante del estudio de Tatuajes, me paraba a mirar las fotos y diseños del escaparate, me encantan los tatuajes, no sería el primero tengo dos más. Pero esta vez quería arriesgar, había elegido un lugar de mi cuerpo mucho más visible para mí, era el momento adecuado, estaba segura, quería hacerlo.

Traspasé la puerta y salió a recibirme el tatuador que tantas veces vi a través del escaparate. Melena rizada hasta la cintura recogida en una coleta floja, patillas hasta la mandíbula y perilla “cabrera”, por supuesto sus brazos estaban tatuados y lucia un piercing en la ceja.

– Hola. Soy Enric ¿En qué puedo ayudarte?

– Hola – sonreí.- Quiero hacerme un tatuaje.

– ¿Has elegido lugar? ¿Tienes un diseño o quieres que te ayude?

– Pues verás, te explico. Quiero que sea en el pecho, el diseño no lo tengo decidido quiero que me aconsejes, por mi trabajo voy siempre muy arreglada, así que si se ve debe ser fino, elegante…

– Y ¿Sexy? Supongo que también ¿no? Cuando te veas desnuda tienes que sentir que tu tatuaje está en armonía con tu cuerpo.

– Sí, claro. Sexy también, porqué no.

– Qué te parece si te das una vuelta mientras, yo busco un diseño que se adapte a lo que buscas, preparo el calco y lo ves en tu piel.

– Perfecto ¿media hora?

– Ok

Bueno el paso ya estaba dado, siempre tengo la sensación de que una mano invisible me da el último empujoncito. Mientras paseaba recordaba las palabras de Enric ¿sexy? nunca me ha gustado la imagen de la mujer desnuda que el espejo me devolvía. Creo que por eso dedicaba tiempo a elegir mi ropa, era la que me hacía sentir segura. El tiempo pasó muy rápido, volví al estudio, Enric me había preparado unas enredaderas con flores de loto para rodear el pecho, sin embargo había descartado un dibujo de unas flores de mayor tamaño que llamaron mi atención.

– ¿Y esas? – pregunté

– ¿Te gustan? Las había descartado, pensé que te parecerían grandes pero si quieres podemos reducirlas y probar ¿Qué dices?

– ¡Sí! Quiero probar con estas.

-¡Dame 5 minutos!- Era un tipo que disfrutaba con su trabajo, estaba claro.

Tuve que quitarme la camiseta y quedarme en sujetador para que colocase el calco en el lugar elegido.

-¡Joder, tía! ¡Te queda brutal! Vas a poner cardíaco a tu marido cuando te vea.

Noté como el rubor subía a mis mejillas-parezco una adolescente- No tengo marido.- Contesté.- Decir eso y ver como chispeaban los ojos de Enric fue todo uno.

-Entonces te regalaré una vara que tengo para que espantes a los moscones que te sigan por la playa.

No pude reprimir una carcajada. Me imaginé en la playa con la vara y mi “nuevo amigo” dirigiéndose hacia mí.

– Me encanta- le dije a Enric- ¿Cuándo vengo?

– ¿Mañana? ¿Te viene bien a las cinco?

– Muy bien.

– Solo una cosita, yo no estaré, tengo una convención en Barcelona. Te tatuará un amigo y lo hará tan bien como yo. Y no te preocupes ya te he dicho que te quedará ¡brutal! pero prométeme que el lunes vendrás a enseñármelo.

Me sonrojé de nuevo- De acuerdo, vendré.

A las cinco en punto estaba en la puerta del estudio. Elegí unas mallas deportivas, camiseta y en vez de sujetador, opté por un bikini de cortinilla, sería más fácil para él y cómodo para mí. El mostrador estaba vacío, pero una sombra se movía tras los cristales de la sala, debía estar preparando todo. ¿Cómo sería? No sé por qué me había imaginado a mi tatuador como un hombre tipo “armario ropero”, calvo y con infinidad de tatuajes y piercing.

Una voz me dijo desde el otro lado- ¡un segundo!- Me sonaba familiar ¿a quién me recordaba esa voz?

– ¡Vaya, vaya que sorpresa Turi! A quien menos me esperaba que tendría en esa camilla era a ti y mucho menos para tatuarte en el pecho- Me pareció ver una sonrisa picarona mal disimulada, me plantó dos besos y me invitó a entrar en la sala con un gesto de la mano. No paraba de hablar ¿nervioso tal vez? ¿divertido? Por mi parte no tenía ni puñetera gracia.

-Hola Alex. Si quieres que te diga la verdad, tampoco yo pensé que me encontraría contigo en esta sala.

– Ha sido una sorpresa  para ambos ¿Qué te parece  si empezamos? Tenemos un par de horitas de trabajo.

– Claro, cuanto antes.¡No quiero arrepentirme!

– Lo dices por el Tatoo o ¿por mí? Y sonrió con ganas dejando a la vista una dentadura perfecta ¿Qué pasa? ¿Este chico no tiene defectos?

– Ponte cómoda, descálzate y desnúdate…quiero decir la camiseta-rectificó divertido cuando vio la mirada de estupor que le lancé.

-¿Me lo parece? o ¿estás disfrutando de lo lindo?

– Vamos, túmbate y relájate.

Dos horas permanecí en esa camilla, con sus ojos y su boca a escasos 15 cms. de la mía. Su mirada iba del tatuaje a mis ojos, vigilaba mis gestos.

– ¿Bien?

– Sí, muy bien.

– Eres una mujer dura ¿eh?

– Es cuestión de acostumbrarse al dolor- En ese momento lo que menos notaba era la aguja que dibujaba sobre mi piel.

– Tenía razón Enric. Te queda precioso. Has elegido bien.

Limpiaba con cuidado la zona eliminando los restos de tinta. – ¡Te estoy poniendo  perdida, tienes tinta hasta en el cuello! y me limpió con suavidad.

-Bueno, ya está. Terminado. Te dejo a solas para que te mires libremente en el espejo sin el bikini. Así es como se aprecian las obras de arte, sin nada que distraiga la vista y una obra de arte no es sólo el motivo es el conjunto que la compone.

Me dejó herida de muerte. Salió de la sala y decidí mirarme al espejo sin el bikini. La verdad…me encantó, parecía un dibujo, no había inflamación y la irritación era mínima. Me vestí y salí.

-Ahora que te he visto semi desnuda creo que hay suficiente confianza como para cenar juntos ¿Te viene bien esta noche?

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