EL ROMPEOLAS VI. POR FIN LUNES

EL ROMPEOLAS VI

– ¡POR FIN LUNES!

Que de mi boca salieran estas palabras era algo impensable, pero ha sido un fin de semana muy intenso. El primero en sufrir las consecuencias ha sido  Baddy -menos mal que no es rencoroso- se ha quedado sin su paseo matinal, no me he levantado con fuerzas para encontrarme con Alex. 

Me alegré de que Sara volviera a Madrid en coche con Carlos, aunque ya es mayorcita no me gusta que viaje sola.

Cuando recibí la llamada de Alex invitándonos a comer en el chiringuito, decidí tomar la calle de en medio y aceptar, eso sí advirtiendo de nuestra visita inesperada. Tras una primera toma de contacto con miradas interrogantes en todas direcciones, encajamos muy bien. No faltó la sangría fresquita,el partido de voley en la playa y el juego de palabras encadenadas con remojón de castigo. En fin después de cenar unos crêpes y unos helados nos despedimos de Alex. Las chicas optaron por ver una peli en el sofá y Carlos y yo tomamos una copa en la terraza, Gin-Tonic para él y Ron-Coca para mí. Nos pusimos al día mutuamente de nuestros fracasos matrimoniales, nuestro afán de superación y cómo no -antes de despedirnos hasta mañana- la pregunta que llevaba en el aire todo el santo día:

– Muy agradable Alex ¿Hace mucho que le conoces?

– No, hace unas semanas nada más, coincido con él durante mis paseos por la playa y casualmente también ha sido mi tatuador.

– Muy bonito por cierto. – Sonreí – Quiero pedirte disculpas, las chicas te han preparado una encerrona y la verdad yo presté al juego…ahora me alegro más aún de haberlo hecho.

– No te preocupes pero no entiendo por qué no me habéis dicho nada, habría preparado un fin de semana…mejor.

– ¿Mejor? Es perfecto ¡espontáneo! A veces no disfrutamos los momentos por estar pendientes de que todo esté en su justa medida. ¡Relájate! estás siendo una anfitriona maravillosa- se levantó y acompañó un “hasta mañana” con un beso en la mejilla.

El domingo pasó rápido. Carlos me eximió de la tarea de pasear a Baddy, cuando me levanté ya se habían marchado. Me pregunto si pretendía encontrarse con Alex o simplemente fue otra actitud “espontanea”.

Siempre me cuesta separarme de mi hija y para evitar caer en la melancolía salí a pasear con mi fiel amigo, necesitaba analizar el fin de semana. Esa manía que tenemos las mujeres de dar vueltas y vueltas a la cabeza, buscar explicaciones y razones a palabras, miradas, adelantando preocupaciones a hechos que ni siquiera sabemos si ocurrirán.

Para sacarme de mis pensamientos volvió a sonar el móvil-esta vez no era un número desconocido- era Alex. Dudé. No sabía si contestar u optar por encerrarme en mi misma y olvidarme del resto del mundo.

– Hola Alex ¿Qué tal?

– Hola Turi. Bien  ¿sola de nuevo?

– Sí, hace un par de horas que se marcharon.

– Déjame acompañarte quiero enseñarte algo, creo que te vendrá bien.

– No sé Alex, no estoy muy animada no creo que sea buena compañía.

– Eso déjame que lo diga yo ¿Una hora?

Volví a casa para ducharme, dejé que el agua caliente cayera un buen rato sobre mí. Elegí un pantalón pitillo azul añil y una camiseta amplia semitransparente, esta vez dejé los tacones y opté por unas manoletinas aunque Alex es bastante alto no tenía ganas de subirme a esos zancos, me maquillé ligeramente un poco de color en las mejillas, rimel en las pestañas y brillo en los labios. Comencé a sentir un nudo en el estómago. Alex me ponía nerviosa. Cuando bajé ya me estaba esperando y tenía en la mano ¡dos cascos! Subida en la acera una Harley ¡preciosa!

– ¿Te gustan las motos?

– ¡Me encantan! -mi ánimo cambió en 0,0

Me ayudó a colocarme el casco y a subir detrás de él, me agarré a su cintura y me dispuse a disfrutar del paseo. Hicimos una pequeña ruta y de regreso tomó una carretera de gravilla que llegaba casi al borde de un pequeño acantilado sobre el mar. Soltó unas hebillas de la moto y sacó dos esterillas que extendió cerca del borde.

– Ven, descálzate y siéntate pero esta vez de  espalda al mar. Cierra los ojos, deja tu mente en blanco, abre tus sentidos, escucha las olas, huele el mar, siente el aire que te roza.

Me sentía flotar su voz me adormecía.

– Abre los ojos ¿Ves como el sol se oculta? ¿Ves el cielo teñido de naranjas y amarillos? Cada día ves amanecer en la playa, pero te olvidas de mirar el ocaso, Toda pérdida sea del tipo que sea, existe para dejar espacio a nuevas oportunidades, nuevas experiencias, no las cuestiones, vívelas.

Ni quería ni podía mirarle. Él simplemente se levantó, me abrazó y me acunó como a una niña pequeña, yo me dejé llevar, abrí la puerta que tan fuertemente había cerrado y dejé salir todas esas lágrimas que había retenido estos últimos años.

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