EL ROMPEOLAS VII.- VOLVER

EL ROMPEOLAS VII

Confirmado. En quince días vuelvo a Madrid. Y cómo no, las noticias más que correr vuelan.  Ya todos mis compañeros están al corriente de mi marcha. Que difíciles se tornan estos momentos en los que los sentimientos se cruzan y chocan unos con otros.

Faus, del departamento de informática, ya se está encargando de hacerme una fiesta de despedida. Desayunamos juntos casi todos los días, ha intentado incluirme en sus grupos de amigos en un par de ocasiones sin mucho éxito por causas “perrunas”, así que tiene una espinita clavada deseando de eliminar, estoy segura que pondrá toda la carne en el asador, logrará emocionarme.

Al llegar a mi despacho Lucy estaba esperándome con los brazos cruzados  y apoyado en mi mesa.

– No. No te puedes ir a Madrid. Me niego -Me dijo mirándome seriamente

Sonreí emocionada – ¡No seas tonto, Lucy! No me digas esas cosas o serán muy difíciles estos quince días.

– ¡Pues ya me dirás con quien voy a hablar ahora de mis libros favoritos!

– ¡Con Esther! Que por cierto espero que venga a la despedida que está preparando Faus. Ya te vale, después de tanto tiempo y aún no la conozco.    Lucy es un hombre encantador, aunque me vuelve loca con sus informes económicos.

El día en la oficina había sido muy intenso, necesitaba como “agua de mayo”  llegar a casa y poner en marcha todos los preparativos para la vuelta. Además mantendría mi mente ocupada, iba relegando conscientemente a Alex al último confín de mi cerebro. Llevo dos días sin hablar con él, haber dejado al descubierto toda mi fragilidad me hacía sentir desnuda. Ahora debía volver a colocar esa armadura que me acompañaba los últimos años, antes de volver a enfrentarme de nuevo a sus ojos.

Cuando llegué a casa Baddy salió a saludarme como siempre. Me cambié de ropa y salí a pasear. De vuelta pasé a saludar a Nacho, mi casero.

– ¡Buenas tardes Nacho! Ya está confirmado, en quince días vuelvo a Madrid.

–  Cuánto lo siento y de verdad, no lo digo por el apartamento.

– Lo sé y te agradezco mucho lo bien que te has portado con nosotros.

– El agradecido soy yo.  Aquí tenéis vuestra casa para cuando queráis y un amigo para siempre. – Nos dimos un cariñoso y sincero abrazo de mutuo agradecimiento.

Subí a la que he considerado mi casa durante casi un año, se avecinaba una noche de lágrimas difíciles de calificar. Cogí el teléfono, antes de dar la noticia a mi hija, debía hablar con Vicente, mi “ex”. La relación era escasa pero cordial aunque no sabía como reaccionaría esta vez, Sara volvería a casa conmigo, ese fue el pacto. La conversación fue corta, como casi todas. Era de esperar, se ha acostumbrado a vivir con ella, creo que la noticia le ha caído como un jarro de agua fría. A mi regreso  hablaremos los tres, huelo nuevo acuerdo.

Mi estado de ánimo era como una bomba de relojería a punto de estallar, euforia por volver, pena por marcharme y ansiedad al enfrentarme a un sentimiento hacia Álex que no sabía aún como llamar: ¿ilusión? ¿capricho? ¿necesidad? ¿enamoramiento? Ni siquiera sabía lo que él quería de mí. Posiblemente…NADA.

Descolgué el teléfono:

– ¡Hola Pedro, vuelvo a Madrid! ¿te queda algo de ese roncito dominicano que compartimos?

– ¡Hola Turi! ¡Claro tía, para tí siempre! ¿Y esa vocecita? ¿Mal de amores? No me jodas, ¿eh? – Sonreí-

– ¡No,  pero necesito echar unas risas!

– ¡Aquí te espero guapa! además tengo un crucerito por el Rhin que te va a encantar, con eso se te pasan todos los males. Avísame en cuanto estés por aquí.

Siempre pienso en lo afortunada que soy al estar rodeada de estupendos amigos siempre dispuestos a tenderme una mano y sacarme una sonrisa. Mis amigas “casadas” ¿qué haría yo sin ellas?, pensar en mi hija, mi familia y en ellos me hacía más dulce el trago tan amargo que me esperaba.

Decidí adelantar ese ron y tomarlo en soledad, busqué uno de mis CDs favoritos y lo coloqué en el equipo de música que me prestó Nacho. Bachatas, la primera en sonar fue una versión del “Stand by Me” y eso hizo traer a la memoria una noche de baile con mi querido Juli. Bailamos sin parar, salsa, merengue y bachata, ésta precisamente la bordamos. Tenemos largas conversaciones y no hay día que no salga a relucir ese baile. Incluso me dice – ¡Turi, ese baile es una bonita historia para escribir! ¿Cómo no le voy a querer? No quedan muchos hombres con sus valores y que además me tenga en un pedestal. Queda anotado en la agenda: mi primer viernes en Madrid será para bailar Bachata con Julian y sus amigos.

Todos estos planes, las lágrimas y el sopor del Ron me dejaron dormida  en el sofá hasta altas horas de la madrugada.

Amanecí con dolor de cabeza. Hoy tampoco saldré a pasear por la playa.

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