NO LLUEVE ETERNAMENTE. CAPITULO IV: CHOCOLATE PARA ENDULZAR

A una velocidad vertiginosa, mi estado de ánimo había pasado de echar pestes por la boca y mugir como un Miura en chiqueros, a parecer una linda damisela ilusionada que pasea dando saltitos, cual Blancanieves con los animalitos del bosque. Efectivamente, tal es el poder y el efecto de unas bonitas palabras en una mujer (para que luego digan que somos complicadas).

Busqué la excusa de salir a comprar una chocolatina a la cafetería para someter a un exhaustivo interrogatorio a Manuel, el conserje del edificio (a veces le llamo Celestina, está como loco por encontrarme novio).

-¡Buenos días Manuel!

-¡Hola guapa! ¿Has dormido mal o qué? Casi dejas al pobre Hugo sin nariz- me contestó entre risas (descojonado sería la palabra exacta).

-¿Me has visto?-pregunté extrañada-¡Yo a ti, no!

– Si hija, estaba detrás de ti fumando un cigarrito. Pero vamos, te he visto yo y alguno más.

-¡joer! Ya estoy dando el cante para no variar – a mí que me gusta pasar desapercibida.

-Una cosita Manuel- no veía la forma de entrar en materia.

-Dime.

-¿En el edificio hay algún gallego? Por ejemplo Hugo ¿es gallego?-intenté ser lo más disimulada posible.

-¿Y eso? Si que te has levantado rara tú hoy- me contestó divertido

-Venga, di, que tengo que volver al despacho.

-Que yo sepa, es asturiano ¿te sirve? Asturias y Galicia son comunidades colindantes. Creo que no tiene novia ¿se lo pregunto?

-¡Nooo! ¡Calla! di ¿hay algún soltero digo algún gallego? ¡Coño que me lías!

Las carcajadas sonaron con eco en el portal ¡que tío, es un liante!

-Aquí hay de todo, incluso ingleses e italianos.

-¿Y gallegos?

-¡Que perra te ha entrado a ti con los gallegos, maja! Pues claro, también hay alguno: Marcos es gallego, Laura y Pilar creo que también…Alejandro

– Pues estás tardando, investiga y te invito a unas cervezas y ahora voy a por una chocolatina.

– Venga, te acompaño.

Bajamos las escaleras que llevan a la planta sótano, allí tenemos una pequeña sala con máquinas de vending, unas sillas y unas mesitas para tomar, si te apetece, el café allí. Normalmente no bajo y las pocas veces que lo he hecho no me he encontrado con nadie, pero hoy al entrar había otra persona que andaba sacando un café de máquina.

-¡Hombre! ¿No dices siempre que estos cafés son asquerosos?-Atacó Manuel por sorpresa.

Se giró  y sonrió, aunque pareció sorprendido al verme allí.

-Sí-contestó-pero hay que empezar el día con energía y estos –hizo un gesto levantando el vasito de plástico-de puro malos, despiertan a un muerto. Buenos días- me saludó.

-Hola, buenos días.

CHOCOLATE PARA ENDULZAR

CHOCOLATE PARA ENDULZAR

– ¡Tu mejor no tomes café que ya he visto que vienes con fuerza!

Me tapé la cara con las manos, noté el calor en las mejillas. No hace falta decir que los dos se echaron a reír.

Saqué las monedas del bolsillo y les contesté- ¡voy a probar con el chocolate, a ver si es capaz de endulzarme el día! Y dibuje una sonrisita como  cumplido.

Estaba marcando: A64. 50 cts., cuando Manuel le preguntó:

-Marcos, tú eres gallego ¿verdad?

Cayó la chocolatina y el mismo resorte que la empujó al vacío me hizo girar justo a tiempo para ver como Marcos contestaba mirándome a los ojos con sonrisa picarona

-Sí, de Santiago.

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