MINI RELATOS

EroticLight. Uno

Siento un nudo en el estómago,  una sensación de ansiedad que me hace entornar mis ojos e inclinar la cabeza buscando que el aire que me falta entre por mis labios entreabiertos.

Siento como mis ojos se rasgan, convirtiéndome en una fiera enjaulada, esa leona que dormita en mi interior y que intenta desesperadamente despertar de ese letargo.

Siento que, si mis ojos se clavasen en los suyos, sería capaz de leerle el alma de principio a fin.

Hambre y sed de sexo salvaje se abrazan entre mis piernas, haciendo que mi cadera comience a contonearse en la silla del despacho, buscando ese roce que me haga sentir, mi espalda se curva y mi mano me acaricia desde la nuca, baja por mi pecho que aprieta desesperada antes de seguir su camino hasta encontrarse con mi yo más caliente y húmedo.

El calor me maquilla las mejillas y un leve gemido escapa entre mis labios.

No puedo esperar, mis dedos no me satisfacen como sus labios, su lengua y su inhiesto pene. Apenas nos separan unos kilómetros y el intenso tráfico no apagará mi fuego, lo hará mucho más intenso porque ya no soy una mujer, soy un depredador acechando a su presa.

Dejé el coche en la puerta de su oficina y me dirigí a su despacho, nadie se interpondrá en mi camino, simplemente un gesto interrogante de mi mano señalando su despacho y una señal afirmativa me dejó vía libre a la locura.

Traspasé el umbral de la puerta y la cerré girando el pestillo, me fui hacia él que con cara de sorpresa seguía mis pasos sin saber qué demonios ocurría. Me incliné sobre su mesa, tiré de su corbata y antes de besarle, susurré: “prepárate mi amor, voy a follarte hasta que sacie este voraz apetito que me devora”

image

====================================================

NO LLUEVE ETERNAMENTE. ULTIMO CAPITULO

CAPITULO XI: SAYONARA BABY

¿Será posible que todo pueda salir tan perfecto?

Desde el primer momento en que crucé la mirada con Marcos en la cafetería sabía que iba a marcar mi vida de manera diferente al resto.

Luchaba por meterse dentro de mí y hacerme cambiar de actitud, debía ser fuerte. En el fondo todos tienen el mismo instinto animal que les guía.

Le miré con sonrisa picarona y acepté la copa de vino, me lo estaba poniendo muy fácil, demasiado fácil.

  • Está bien. Vamos a probar ese vino tan especial – instintivamente, toqué el colgante que siempre llevo al cuello.

En su momento fue un “Llamador de Ángeles”, ahora era una pequeña bola de plata envejecida con cierre que custodiaba algo mucho más efectivo y letal que un cascabel, era la invocación directa a ese demonio que llevo dentro y que cada vez se apodera más de mí, devorándome sin prisa pero sin pausa. No  sé cuánto tiempo más podré soportarlo ni cuál de los dos ganará la batalla.

El apartamento de Marcos era amplio,  decoración  sencilla pero elegante.

Me ofreció asiento en un sofá de piel, blanco. Frente a él, unas estanterías llenas de libros y CD’s, no tenía TV, sólo un equipo de música en el que hizo sonar una  suave melodía que reconocí inmediatamente, Nuvole Bianche. Nada de fotos familiares, sólo láminas enmarcadas.

Sentía el calor en el pecho, mi demonio luchaba por salir y mi corazón intentaba retenerlo. No por favor, a él no.IMG_4966

Marcos apareció con las copas de vino y se sentó a mi lado ofreciéndome una con la que hicimos un pequeño brindis.  Comenzó a tocar mi pelo, a colocar los mechones que tapaban un lado de mi cara, si supiera la lucha que mantenía en mi interior. ¿Cómo podía pedirle ayuda? Cómo gritar auxilio, si se quedaba paralizado en mi garganta.

Debía continuar, seguir con mi plan, como otras veces, cada vez era más eficaz, no dejaba rastro, sin embargo esta vez…. algo me retenía….

Me besó. Apretó sus labios con fuerza a los míos. Cogió las copas y las dejó sobre la mesa.

Tomó mi rostro entre sus manos y se asomó a mis ojos.

Tuve miedo.

Miedo de que descubriera lo que en ellos se escondía.

Miedo de encontrar en su rostro la imagen del horror. Pero no, pobre inocente. No vio nada, su deseo era mayor, había bajado la guardia hasta hacerla desaparecer.

Me sentí triunfadora y derrotada en la misma medida.

Una tormenta de verano se acercaba, unos truenos, aún lejanos, retumbaban en la sala queriendo silenciar el piano que seguía sonando o ¿tal vez era un aviso para Marcos?

Tenía que tomar una determinación, seguir el impulso de continuar adelante como las veces anteriores o salir corriendo.

Dos lágrimas rodaron por mis mejillas dejando atónito a Marcos.

  • ¿Qué te pasa? ¿Qué ha ocurrido?

De fondo empezaron a tamborilear las gotas de lluvia, sólo pude decir:

  • Tengo que marcharme, llueve.
  • Pero, ¿por qué? No te vayas.
  • Es lo mejor. No me sigas.

Me solté de sus brazos, cogí mis cosas y salí a la calle.

Un último vistazo me trajo su silueta en la ventana.

Contra todo pronóstico me había enamorado, no podía hacerlo. Arranqué el colgante y le grité en silencio.

     -¿Por qué yo? ¿Por qué me devoras a mí?

 Lo tiré contra el suelo y de un fuerte pisotón rompí no sólo la armadura de plata, si no también a ese demonio que me perseguía. Cuando levanté el pie vi como el líquido de la cápsula letal que mi “Llamador de Ángeles” protegía se mezclaba con la lluvia.

Ya no habrá más “santos inocentes”, ya no seré más una mano ejecutora.

Arranqué la moto, debía huir.

Mis lágrimas caían y calaban mi alma putrefacta como la lluvia lo hacía con mi cuerpo.

¿En qué momento? ¿Cuándo caí en esta desesperación? Ver morir a mis víctimas provocaba un placer en mí superior al orgasmo sexual, el poder que me otorgaba manejar la vida de otros a mi antojo fue alimento para mi demonio que reclamaba cada vez más y más.

Cuando Set apareció en mi vida no imaginó que todo aquello que me enseñó sobre las composiciones químicas traería estas consecuencias, ni tampoco que él fuera el primero de una larga lista en probar su propio veneno. Su deseo le hizo al igual que a sus sucesores, confiar en su verdugo.

Pero esta vez, algo había cambiado. Y Marcos fue quien lo consiguió, no podía permitir que volviera  a ocurrir.

Aceleré sobre el asfalto mojado y cogí la autovía en dirección contraria, de frente las luces de un camión me avisaron que el fin de esta agonía por fin llegaba, giré el manillar justo a tiempo para esquivar el camión y saltar por la cuneta, la velocidad y las vueltas de campana harían que el final fuera rápido. Un golpe seco sobre el suelo, el calor de la sangre, por fin había dejado de llover… NO LLUEVE ETERNAMENTE.IMG_4965

 

NO LLUEVE ETERNAMENTE

CAPITULO X. UN PLAN PERFECTO

Había apostado fuerte. Me encanta organizar eventos y si son sorpresas para los míos…

Recuerdo las “Bodas de Oro” de mis padres, mariachis, un cura infiltrado con casamiento improvisado, fueron momentos maravillosos e inolvidables

Ahora me tocaba sorprender a un “medio desconocido” muy atractivo y con el que pretendía vivir alguna aventura, a poder ser con final feliz.

Hice un par de llamadas y hasta ahora mi plan estaba saliendo a la perfección. Después de comer envié un mensaje:

“POR FAVOR: SIGA MIS INSTRUCCIONES AL PIE DE LA LETRA”

“VISTA DE MANERA CÓMODA E INFORMAL.

OLVIDESE DE LOS ZAPATOS Y OPTE POR DEPORTIVAS”

“ESPERE NUEVAS INSTRUCCIONES”

No pude resistir reírme sola, imaginaba su cara de “¿Dónde me he metido?” o “Esta tía está loca”. Realmente crear expectación incluso poner nerviosa a la otra persona, a la espera de ver que es lo que tengo preparado, me apasiona.

Quizá porque es algo que siempre he querido saborear en mis propias carnes y que en muy pocas ocasiones lo he disfrutado (¿una vez?, ¿dos?), sea por lo que sea….¡ Me chifla!

Ya tenía su dirección, me envió la ubicación cuando llegó a casa. Tenía unos 20 minutos para llegar.

Una hora antes de salir, volví a enviar otro mensaje:

“UNA VEZ LEIDO EL 1er MENSAJE, NO HAY VUELTA ATRÁS”

Esta vez tuve respuesta:

“ESTOY PREPARADO, ACEPTO LA APUESTA”

Me puse unos vaqueros que compré en Nueva York, muy cómodos y una camiseta un poquito suelta. Cogí la cazadora y el casco.  Sí… el casco, esa era mi primera sorpresa. Iba a recogerle en moto.

Después de mis aventuras como “paquete” motero, decidí sacarme el carnet y conducir mi propia moto. Por esa época mi jefe vendía la suya, tenía muy pocos kms y era preciosa, no me lo pensé, aunque tenía bastantes años apenas la había usado. Es una Suzuki Marauder, con aceros cromados. Ya veríamos su cara, con la fama que ya de por sí tenemos las mujeres al volante…cuando me vea aparecer en moto, se le corta la digestión.

Paré en la puerta de su casa y le envié el último mensaje:

“SIN RIESGO, NO HAY GLORIA”

“ESTOY EN LA PUERTA”

Le vi salir buscando mi coche, llevaba un vaquero ajustado y un polo verde oscuro. Cuando vi que sacaba el móvil, supongo que para llamarme fue cuando me saqué el casco. Su cara de sorpresa fue un premio para mí, se acercó con las manos en la cabeza.

  • ¿En moto?
  • ¿Tienes miedo, vaquero?- reí con ganas, no pude evitarlo.
  • No, miedo no. Sorpresa.

Saqué de la mochila una cazadora (se la pedí prestada a un amigo) y el casco que tenía de repuesto.

  • Toma, ponte esto por si acaso- le dije guiñándole un ojo.
  • No sé si has ido alguna vez en moto pero ya sabes, esto se trata de parecer una sola persona. Eso no quiere decir que te aproveches- le dije riendo mientras me ponía el casco.

Antes de subirse me preguntó:

  • ¿Vamos muy lejos?
  • Una horita más o menos y un tramo de curvas pronunciadas. Ahh y vamos a montar a caballo.

No le deje contestar, bajé mi visera y  le dije que se subiera. ¡Qué sensación! Eso de llevar a un moreno atractivo pegadito a mi espalda era toda una experiencia, noté una sensación en el estómago muy alentadora. Mi imaginación volaba con demasiada rapidez y tenía que centrarme en la carretera.

Después del paseo en moto, hacerle subir en un caballo fue una satisfacción plena.

  • ¿Quieres acabar con mi trasero?- me preguntó fingiendo estar molesto.

No pude reprimir las risas. Íbamos paseando entre olivos por la vega de Chinchón, al atardecer y solos. El dueño del picadero ya se había convertido en un amigo después de tantas tardes repitiendo estos paseos por el campo y no era necesaria su compañía.

El paseo dio pie a contarnos detalles mutuos de nuestra ajetreada vida.

Ya estábamos de vuelta cuando le pregunté:

  • ¿Una galopada?
  • No, por favor, no creo que sepa frenar a “Colín” – era el nombre del caballo castaño y crines negras en el que iba montado.

Tengo que reconocer que hay momentos en que me sale la vena traviesa y no puedo sujetarla, apenas quedaban 300 metros para llegar así que……. Agarré las riendas y le grité:

  • ¡Agárrate! – golpeé con los talones a mi yegua mientras jaleaba al animal con la voz.

Sólo escuchaba el ruido de los cascos y de vez en cuando algún taco, no quiero saber a quién iba dirigido.

  • Empiezo a creer que debo meditar un poco mejor aceptar tus apuestas- me dijo mientras desensillábamos a los caballos.
  • ¡Siento decirte que aún no ha terminado el día!

Me miró de reojo con cara de “me lo dices o me lo cuentas”

  • Creo que ya no te queda mucho sufrimiento, al menos “físico” – le tranquilicé.Chinchón
  • ¿Dónde me llevas? Si es que puede saberse.
  • Vamos a Chinchón, es el pueblo de mi familia y aunque no he nacido allí también lo considero mío.
  • ¡Bien! Es un pueblo precioso, he comido un par de veces en uno de sus mesones.
  • Pero hoy lo verás diferente, sube que se nos hace tarde.

Aparqué en una de las callecitas empinadas junto a la Iglesia, las vistas desde allí son preciosas. Nos acercamos al murete a mirar el paisaje, la plaza estaba iluminada, casi había anochecido. Se oían pruebas de sonido.

  • ¿Hay música?- me preguntó.
  • Sí, da la casualidad que durante este mes se celebra un festival de Jazz, hace un par de años que lo hacen. Vamos a cenar en una mesita de aquellas que ves en aquel rincón con manteles de cuadritos rojos mientras escuchamos Jazz en directo.
  • Guauuu! La noche empieza a mejorar – me miró sonriendo, en el fondo se lo estaba pasando “pipa”.
  • ¿Vamos? – me preguntó.Jazz en Chinchón

Asentí con la cabeza, me cogió de la mano, como si lo hubiera hecho otras veces y echamos a andar.

Todo estaba saliendo tan perfecto que pensé que en algún momento despertaría. Estas cosas solo pasaban en mi imaginación, en esas noches tan largas en las que me dormía entre lágrimas imaginándome vivir otra vida.

  • Me has puesto el listón muy alto – sus palabras me sacaron de mis pensamientos.
  • No lo creo, eres un hombre con muchos recursos.

Fuimos a recoger la moto para volver a casa, pero antes hice una última parada. Llegamos a la Plaza de Armas, donde con esfuerzo se mantiene en pie el Castillo de los Condes de Chinchón. Apenas hay luz y desde allí ves un cielo estrellado difícil de disfrutar en la ciudad y unas vistas espectaculares del pueblo iluminado en tonos naranjas.

Pocas veces tengo la oportunidad de venir aquí y disfrutar de este momento.

Chinchón desde el Castillo

Le miré, observaba todo con interés con el casco en la mano y pensé: “Hazlo. Ahora o nunca. No te va a rechazar y este es el momento y el lugar para un beso inolvidable”

¡A tomar por culo! Allá que voy, parecía que los escasos tres pasos que nos separaban fueran veinte. Fui y sin más rodeos, ¡zas! 

  • Ya era hora hija, llevo toda la tarde esperando que te decidieras, ya doy por buenas las agujetas que tendré mañana – me habló sujetando mi cabeza con la mano que tenía libre y su boca muy cerca de la mía, la conversación quedó zanjada con otro beso.

Justo en ese momento habría preferido ser yo el “paquete” e ir agarrada a su cintura meciéndonos en las curvas, por desgracia el día llegaba a su fin o eso al menos creía yo.

  • Sube a casa y tómate una copa, no es tarde y mañana no tienes que madrugar, ¿no? – me dijo 
  • No, mañana no tengo que madrugar.
  • Tengo un vinito blanco fresquito, de esos que sé que te gustan, esperándonos.

Sonreí.

  • No puedo beber, tengo que conducir.

Se quedó unos instantes callado mirándome.

  • Eso tiene solución-respondió- No te vayas

 

 

NO LLUEVE ETERNAMENTE

CAPITULO IX. DOBLE O NADA

Me metí en la cama y con luz tenue jugueteé con la ficha girándola una y otra vez entre mis dedos.

Así no me dormiré.

Normalmente cuando salgo a cenar al llegar a casa escribo un mensaje de agradecimiento, hoy dudaba si hacerlo o no. Siempre me entran esas dudas que a veces y por mi afán de agradar no me dejan ser como realmente soy. Quería tener unas últimas palabras con Marcos, quedarme tranquila, saber que él había disfrutado tanto como yo. Pero no quería ser una “plasta” ni que saliera por “patas” por el mismo motivo. En ese instante me llegó un mensaje:

“Una noche preciosa. Me ha encantado conocerte un poco más, eres una mujer encantadora, escondes muchas sorpresas.

Espero que sigas dejándome investigar y disfrutar de cada descubrimiento. Ah! Y no se te olvide, te toca apostar.”

Con una sonrisa en los labios, contesté escuetamente:

“Gracias, para mí también ha sido una noche especial. No se me olvida. Que descanses. Hasta mañana.”

Ahora sí que sí. Me levanté y aunque era una noche cálida, me preparé un Cola-Cao bien cargado, en otras ocasiones me ha funcionado, me ayuda a dormir.

Terminé mi bebida caliente (entre sudores) y me dispuse a dormir cuando mi hija apareció en la habitación.

-¿Cómo te ha ido con tu Romeo? déjame que duerma contigo, anda y así me cuentas- me dijo mientras ocupaba la otra mitad de mi cama.

-Mañana te cuento que ya es muy tarde.

-Dime sólo si hay posibilidades, ¿hay chispa o no hay chispa?

-¡Qué tonta eres! – reí feliz.

-Hay chispa madre, se te nota, se te pone cara de tonta! – me soltó mientras se acomodaba.

Entre sueño y sueño le daba vueltas a la cabeza. ¡Que poco me cuesta ilusionarme! Pero es tan bonito…me vuelvo más activa, más creativa y por supuesto más divertida. La sensación de sentirte valorada, deseada y por supuesto querida es lo que realmente me da fuerzas. Soy una mujer muy afortunada porque tenga a mi alrededor mucha gente, mi hija, mi familia, mis amigos… todos ellos me dan eso que tanto necesito, pero siempre me queda ese rinconcito del corazón que solo puede llenar un nuevo amor con el que compartir todo lo que soy. ¿Será por fin Marcos la pieza que falta en mi puzzle? ¿Por fin dejará de llover sobre mí?

Me he vuelto una mujer muy independiente, me gusta conseguir cosas por mí misma, hasta abrir un bote de conserva se convierte, a veces, en un reto. No quiero depender de nadie y mucho menos renunciar a todo aquello que he conseguido con mucho esfuerzo en estos últimos años. Por eso siento rabia cuando veo lo mucho que me afecta el tener o no alguien a quien dedicar mis pensamientos, mis escritos, mis caricias o mis besos. Alguien con quien compartir mis vacíos, mis sueños, dormir entre sus brazos y sentirme en el lugar más seguro del mundo.

Intentaré esta vez ir con tiento, poco a poco, aunque mi corazón parezca un caballo de carreras esperando en el cajón de salida.

Llegué a la oficina como todos los días, aunque hoy con más sueño de lo habitual. Ya había decidido cuál sería mi apuesta, sólo tenía que lanzarme.

Me gustaría ser lo suficientemente atrevida como para tomar la iniciativa, pillarle por sorpresa y dejarle noqueado. Ya veremos.

Dejé pasar la mañana, ¡había que crear ambiente!

Los viernes los dos terminamos a las 15 h, así que bajé unos minutos antes y esperé apoyada en su coche (tampoco llevé flores). Le vi salir acompañado de su jefe, cuando me vio se despidió y vino sonriendo.

Se paró frente a mí, apoyó su mano izquierda, por encima de mi hombro, en el coche ¿me estaba tapando la salida?

-¿Aceptaste la apuesta? – preguntó sin preámbulos.

-No. -contesté decidida.

-¿No? – la sorpresa apareció en sus ojos.

-La he doblado- contesté dejando dos fichas de 100 en su mano derecha y metí otra carta de póker en el bolsillo de su camisa, le aparté suavemente para marcharme.

Di dos pasos y me volví, me acerqué, miré a sus ojos y le dije:

-No voy a besarte, no quiero que sufras.

-¿Qué sufra?

-Sí, mis besos son adictivos – le guiñé un ojo y le dije divertida – ¡TE TOCA!

Le vi mirar la carta, la J de trébol, y leer mi mensaje:doble o nada

“¿Preparado para más sorpresas?”

“Te recojo mañana a las 7″

“¡mi GPS necesita una dirección!”

Levantó sus ojos y me sonrió divertido.

NO LLUEVE ETERNAMENTE

CAPITULO VIII. HORA DE APOSTAR

¿A las 9? Eso eran 3 horas escasas. Llegué a casa y esparcí, literalmente, el contenido de mi armario sobre la cama. Recordé las palabras que tantas veces oí a mi madre “si sólo tuvieras uno, no tendrías dudas” Pero no tenía solo uno, tenía un montón y ninguno satisfacía mis exigencias. No tenía tiempo para ir de compras. Me los probé todos, alguno más de una vez.  No tenía ni idea de a donde me llevaría, si pecaría por exceso o por defecto y aunque Marcos era un hombre elegante no sabía si lo sería por imposición laboral.

Al final opté por un vestido de color naranja, un poco corto pero suelto, regalo de un buen amigo. Era sencillo pero con los complementos adecuados, el resultado mejoraba siendo más que aceptable. Por supuesto elegí unos zapatos de tacón color melocotón que compré en Palermo, en mi escapada en solitario a Sicilia. Cuando los vi en el escaparate no dude un segundo que eran para mí.  Igualmente, en mi fuero interno, había decidido que Marcos también lo fuera. Mis pendientes favoritos de cristales negros, largos y con forma de lágrima eran ideales para mi atuendo.  Después de una ducha de agua templada para despejar mi mente que iba a velocidad vertiginosa, me maquillé con especial esmero para estar guapa a la vez que natural.

No eran las 8:30 cuando ya estaba lista. Me daba tiempo aún a mirarme tropecientas veces más en el espejo. Por delante, por detrás, un perfil, el otro.

Mi hija me miraba desde el marco de la puerta del dormitorio

  • Qué pesada eres mamá. Deja de mirarte. Estás guapa y no ¡no te hace gorda!
  • ¡Ay chiqui!¡ Ni siquiera te había preguntado!
  • No, pero lo ibas a hacer. ¿me equivoco?
  • No, no te equivocas, sólo que…¡ te has adelantado! ¿Estoy bien entonces?
  • Siiii -dijo suspirando- y más vale que el tal Marcos caiga en tus redes o ¡acabarás conmigo!- exclamó- porque lo que está clarito es que tú ya has caído en las suyas.

Ufff que paciencia tengo que tener con esta niña.

  • ¡Mamá, te llaman!- salí del dormitorio, había dejado el móvil cargando la batería.
  • ¿Si?- contesté.
  • Hola ya estoy en el coche y el GPS me pide tu dirección, voy a recogerte.
  • ¿A mi casa? No te preocupes, no es necesario, puedo ir en mi coche hasta el edificio, como habíamos quedado.
  • Lo que no es necesario es precisamente que saques tu coche. Vamos, ya estoy en camino. Necesito un destino. Y lo quiero…¡ya!

Cedí y le dí mi dirección.

  • Ok, en veinte minutos estoy.

¿Veinte minutos?¡Moriré! Podía cambiar de opinión y lo que es peor de vestido.mujerespejo1

Respiré hondo.  A ver hija, contrólate que  vas a cenar con un hombre, estupendo eso sí, pero no vas a cerrar un negocio multimillonario ¿por qué no cambias el chip? Tal vez sea él quien esté nervioso, una mujer como tú no es tan fácil de encontrar ¡ja! Ya está, guiñé un ojo a la mujer que me hablaba al otro lado del espejo.

Sólo me quedaba un toque de perfume.  Otra de mis debilidades, me encantan,  procuro no repetir dos días seguidos. No hace mucho me dijeron que así no dejaría huella,  una pena…tendré que conseguir que me recuerden por otra cosa… mi sonrisa por ejemplo o mi sabor. Para eso tenemos cinco sentidos ¿no?

A la hora exacta sonó de nuevo el teléfono.

  • Ahí le tienes, madre –se cachondeó mi niña querida.
  • ¡Hola qué puntual! – contesté
  • ¡Hola señoritajugadoradepoker!-soltó una risita espontanea- Aquí te espero, repartiendo las fichas para empezar la partida.

Sonreí y colgué.-¡Vamos! a por él ¡déjale sin respiración!- me gritó la mujer de naranja del espejo.

Cuando salí del portal, le vi, de pie, apoyado en el coche, parecía el protagonista de un anuncio, sólo le faltaba sacar un ramo de flores como regalo de bienvenida, pero no lo hizo. Me sonrió ¿ilusionado? Creo que sí, sus ojos brillaban. Vestía un pantalón azul marino y camisa de manga larga, azul celeste con rayas blancas, puños remangados con un par de vueltas. Nos saludamos con un par de besos. Uhmmmm que bien huele (mejor sabrá, me apuntilló mi querida conciencia).

  • ¿Nos vamos?- me preguntó mientras abría mi puerta, que caballero, madre que peligro tiene esto.
  • Sí, claro- Me senté y me abroché el cinturón mientras él rodeaba el coche para ponerse al volante.

Al sentarse me echó una miradita

  • Estás muy guapa.
  • Gracias, tú también.

Que formalidad, necesito una copa de vino o no se me ocurrirá nada interesante que decir y moriremos del aburrimiento.

  • Espero que te guste la comida oriental, perdona por no preguntar antes, pero claro, tu jugada me pilló por sorpresa- me miró con cara de: esta te la guardo.
  • Bueno, no manejo muy bien los palillos, pero seguro que nos vendrán bien unas risas.

Efectivamente, mi destreza con los palillos y un par de copas de vino consiguieron que la falta de confianza desapareciera, creando un ambiente mucho más informal y distendido. Después tomamos una copa en una terraza preciosa con vistas al Palacio Real. Un ambiente muy romántico, ideal para empezar a soñar.

El vino me soltó la lengua y aproveché para preguntar cómo había llegado su teléfono a mi chaqueta.

  • ¡Ah nooo, nooo, por ahí no paso! Top secret! No pienso descubrir mis armas.
  • ¿Cómo? Anda, por fi- puse ojitos y carita de buena, aunque me acerqué más de la cuenta
  • No te acerques tanto o me pondrás en un serio compromiso.

Rectifiqué, pero no puede reprimir una sonrisita picarona.

Caminar de madrugada por Madrid en pleno mes de junio es una gozada, sin prisa…si no fuera por el dolor de pies que me mata, lo alargaría al máximo.

  • ¿Te importa que me agarre a tu brazo? Mis zapatos son preciosos pero se están convirtiendo en una máquina de tortura- le miré casi suplicando.
  • ¡Claro! Aprovéchate de mí todo lo que quieras.
  • Gracias, pero esas palabras ¡no deberías decírselas a una mujer!
  • Bueno, digamos que he decidido correr algún riesgo contigo.

No me apetecía en absoluto que aquella cita terminase y él tampoco parecía tener prisa por marcharse, sin embargo en algún momento habría que despedirse.

Cogimos el coche y sin mucha prisa me llevó a casa, casi no hablamos pero en cada semáforo me miraba, yo como hago siempre cuando no sé por dónde tirar…sonreía, debe ser contagiosa porque siempre me la devolvía.

Llegamos a casa y apagó el motor.  Abrió la guantera que había frente a mis rodillas, las rozó ligeramente,  rebuscó bajo unos papeles y sacó una ficha de póker. Una negra de 100.

  • Comienza la apuesta, aquí está la mía…te doy hasta mañana para que decidas que hacer con la tuya.

Se acercó, me cogió de la barbilla y besó suavemente mis labios.

Hasta mañana señoritajugadoradepóker.

ficha poker

NO LLUEVE ETERNAMENTE

CAPITULO VII .  ARRIESGAR PARA GANAR

arriesga 3

Está decidido. Voy a dar un empujón a este jueguecito que por un lado me encanta y por otro me desespera. Estoy deseando mirar de frente sus ojos e intentar bucear  y averiguar que se esconde ahí dentro.

Es casi seguro que volveré a encontrar lo mismo de siempre…”mucho larala y poco lirili” en cuanto a sentimientos reales, me refiero. Yo que tengo una facilidad extrema para ilusionarme, voy apañada. Pero esta vez intentaré ser más fría, calculadora y un poco más egoísta, lo que viene a ser un poco más varonil.

Me he mirado al espejo y hoy me veo y me siento más mona que la mayoría de los días. Así que es hora de pasar a la acción. He seguido un impulso y he metido en el bolso una baraja de póker que tenía en casa, aún no sé exactamente qué  haré con ella.

He elegido un vestido azul con figuras geométricas para hoy, creo que empieza a ser demasiado ceñido para mi figura, pero con los tacones y unos pendientes vistosos me dan un aspecto “resultón”.

Los nervios y el poco tráfico  de final de mes en Madrid, han hecho que llegue antes a la oficina. Aún sin bajar del coche he cogido las cartas y un rotulador, después de repasarlas con un vistazo y sin mucha maña he elegido el 10 de trébol, el de corazones me ha parecido algo comprometedor. En el póker el 10 marca el pistoletazo de salida para la mejor jugada, escalera  real de color , pero también puede ser el final de una escalera de color.

En letras mayúsculas escribí

¿CENAMOS?

Salí decidida, si le doy más vueltas no tendré valor para seguir adelante.

  • ¡Buenos días, Manuel! Marcos ¿ha llegado?
  • Sí, hace un rato que le vi llegar.
  • Me puedes decir cuál es su despacho ¿por favor?
  • Claro, planta 4º despacho 3.

Tengo el corazón a 100. He salido del ascensor creo que sonrojada, noto el calor incluso en las orejas. Reconozco a la chica de la recepción.

  • ¡Hola, buenos días! El despacho de Marcos ¿3?- pregunté señalando con el dedo
  • Sí ¿le aviso?
  • No por dios, no hace falta, solo serán unos segundos.

¡Ea! Aquí estoy, le he visto de refilón por las mamparas de cristal. Un par de toques con los nudillos en la puerta y…

  • ¡Adelante!

Cerré los ojos, respiré hondo y abrí la puerta.  Como una bofetada de aire caliente me llegó su imagen (joder, está guapo el condenado) sentado frente al ordenador, levantó los ojos del teclado y sorprendido, me miró.

No le di tiempo ni a saludar, crucé los escasos 4 pasos que nos separaban, solté la carta como si me quemara y me marché.

Salí con una sonrisa triunfal, esto no se lo esperaba ¡ni de coña!

¡ALEA JACTA EST!

Toca esperar e intentar bajar las pulsaciones.

A las seis de la tarde y a falta de noticias, mi ánimo y autoestima estaban un pelín bajos, subsuelo más o menos, así que me dispuse a recoger y marcharme a casa, por nada del mundo querría encontrarme con él.

A punto de desconectar el ordenador oí la puerta exterior.

-¡Vaya hombre, ahora que me voy tiene que venir alguien a dar por saco!- susurré.

Escuché unos pasos delante de mi puerta y seguidamente un par de toques suaves. Pulsé el abre puertas sin preguntar.

¡Ahí estaba! Pasó y apoyando sus manos en la mesa acercó su cara a escasos 15 cms de la mia.

  • A las nueve te recojo en la puerta del edificio- dio media vuelta para marcharse, pero antes de salir buscó en su chaqueta y dejó sobre mi mesa la J de trébol con un:

           “POR SUPUESTO”

Me ha dejado con un palmo de narices y sopesando quién  de los dos había ganado la jugada.

NO LLUEVE ETERNAMENTE

CAPITULO VI. SABOREANDO

Según lo previsto me levanté 40 minutos antes de lo habitual. Quería ver en el espejo esa mujer que de vez en cuando, creo que por pereza, se esconde dentro de mí.  Esa mujer segura  (que no cabrona) y decidida que soy. Para ello necesito sentirme guapa por dentro y por fuera. Me maquillé con esmero pero natural, me peiné a conciencia sacando esos rizos que con un poco de espuma y secador me dan un toque informal. Unos buenos tacones , un vestido ajustado negro de manga corta por encima de la rodilla y una americana que ocultaba esos kilitos que se me pegan últimamente a la cadera. Es increíble como con un poquito de interés puedes transformarte en un “aquí estoy yo y que se prepare el mundo”

Salí de casa satisfecha con el resultado, en ese momento la idea inicial de mostrar a Marcos mi potencial había pasado a segundo plano, me veía capaz de enseñárselo a todo aquel que se cruzara en mi camino. Descarté de inmediato de mi  cabeza la posibilidad de que se cumpliera la dichosa “Ley de Murphy” : Sal  dispuesta a comerte el mundo y nada saldrá según tus deseos.

Al bajar del coche y así como el que no quiere la cosa, revisé todos los rincones en busca de esos ojos que me vigilan desde no se sabe cuánto tiempo ni desde dónde…pero ni rastro del menda (Murphy te odio!!)

Nada más pasar por recepción me encontré con Manuel

– Buenos días Manuel

– Anda, mírala que guapa viene hoy

– ¿Quieres un café?

– Si, anda. Los de la máquina me dan ardor

– Vale, venga sube.

– Oye Manuel -solté disimuladamente- Marcos, el que estaba ayer en la cafetería

– Sí, el gallego

 -Sí, ese ¿Hace mucho que trabaja aquí?

– No sé…desde el verano más o menos. Lleva todo el tema publicitario de la empresa de la planta 4ª, es diseñador gráfico y dibujante ¿Qué pasa te mola?-soltó las risitas picaronas a las que ya estoy acostumbrada.

– Ainsss Manolo, no empieces, es curiosidad-intenté disimular.

– Es majo el chaval, muy educado.

– ¿Hablas mucho con él?

– No, como no fuma, no sale casi. Cuando se toma el café, suele salir al porche de la entrada y si coincidimos, charlamos un poco. ¿Qué quieres saber? Ya sabes que yo pregunto lo que haga falta!

– No, no, no hace falta Manolo. Ya te he dicho que era por cotillear un poco, es que no me suena haberle visto antes.

– Pues él a ti, sí.

– Puse cara de sorpresa- ¿Si? ¿Cómo lo sabes?

– No eres invisible, hija

– Hombre ya lo sé, pero aquí la gente va como muy a lo suyo.

– Eso es lo que a ti te parece.

– Vaya viene el jefe- luego me cuentas que me dejas toda intrigada.

Manuel salió de mi despacho sonriendo como un niño cuando sabe que ha hecho una travesura. Ya tengo algún dato más y parece que la que va a lo suyo soy yo, y se me han pasado de largo un montón de detalles de la gente que me rodea. No creo que haya sido él su cómplice, pero le ha servido de informador. Me dispuse a empezar con la rutina diaria cuando me llegó el primer mensaje.

“Sabes muy bien como potenciar tus encantos”

Decidí contestar:

         Lo tomaré como un halago.

Gracias.

Pero los encantos de una mujer no sólo están en unos tacones y un poco de rímel

No se conectó, por tanto me dejó sin respuesta durante todo el día. O es un hombre muy ocupado o lo hace apropósito, me inclino más por lo segundo.  Fue por la noche, cuando estaba a punto de irme a la cama, cuando recibí contestación:  

No me cabe la menor duda y espero ir  “saboreando” poco a poco cada uno de los tuyos

Eso está por ver, aquí también decido yo.

Por supuesto, por cierto…tus hombros y tu cuello tienen la forma perfecta.

¿La forma perfecta? ¿Para qué? ¿guillotina? ¿horca?…¿un collar de diamantes? ¿Un foulard de los chinos?

Tienen la forma perfecta para mis labios

Además de dejarme sin palabras, sentí un vacío en el estómago igualito a esa sensación al  pasar por el badén de un pequeño río

¿Tu crees?

Atiné a contestar

No lo creo, estoy seguro.

Pero lo descubrirás en su momento, recuerda que vamos a saborear, no engullir.

¿Estás jugando conmigo?

Jugamos los dos.  Ese fue nuestro acuerdo. Puedes mover ficha cuando tú quieras.

¿Estás seguro de ganar la partida?

Estoy seguro de que disfrutaremos los dos, puede que quede en tablas, no tiene por qué haber un solo ganador.

O un solo perdedor.

No soy perdedor, ni tú tampoco

¿Tan cerca has estado para saber que mi cuello encaja con tu boca?

Lo suficiente para oler tu perfume,

para imaginar mis dedos dibujando tu columna

 mi lengua descubriendo tu sabor.

Entre frase y frase dejaba pasar unos segundos

(Este hombre me está poniendo cardiaca por whatsapp???!!!)

Para imaginar la suavidad de tu piel,

tu calor…

 Que descanses, continuaremos la partida mañana…

Vaya calentón más tonto que me ha dejado en el cuerpo…

NO LLUEVE ETERNAMENTE 

CAPITULO V. POKER

poker

La mañanita estaba siendo la mar de entretenida. Parece que uno de los misterios había sido desvelado. Creo que, casi con total seguridad, Marcos es el Sr. Gallego y Grey. No ha sido tan difícil como parecía.

Aunque no es un hombre físicamente espectacular, si tiene un atractivo que le hace parecer interesante. El encuentro ha sido breve pero  suficiente para realizar una radiografía exhaustiva al gallego confeso.

Alto, ojos oscuros, piel bronceada. Barba de un par de días y pelo rapado al 1, creo que por estética, no aprecié indicios de alopecia. Este tipo es presumido, se cuida. Una camisa de manga larga azul celeste con un par de botones desabrochados en el cuello, las mangas hasta la muñeca, sin corbata pero con zapato de vestir y vaqueros. Lo primero que miro en un hombre no es el culo (que también) es su boca, sus brazos y sus manos. Marcos tenía brazos fuertes, su camisa se ajustaba en los hombros, no pintaba nada mal ni por delante ni por detrás que también me fijé cuando se marchaba.

Subí las escaleras mordisqueando la chocolatina, pensativa. Por un lado el juego se había terminado, que penita. Pero por otro, tenía la duda de qué ocurriría a partir de ahora. Una cosa si estaba clara, tendría que levantarme 1 hora antes todos los días para venir impecable a la oficina, está claro que somos observados sin que nos demos cuenta, no recuerdo haber visto antes a este hombre ni sé en qué momento pudo meter su número de teléfono en mi bolsillo, a no ser…que tenga un cómplice.  ¿Manuel, el conserje? No creo, le pueden las ganas, se le habría escapado algo. Vaya,  sin querer me había topado con otra labor de investigación.

Estaba absorta en mis pensamientos cuando el móvil vibró, miré distraída y ahí estaba ¿Marcos?

“Las cartas están sobre la mesa. Tú decides si levantas y juegas una partida breve e intensa o por el contrario dejas al croupier que siga repartiendo, sin ases bajo la manga ni cronómetro que controle el juego”

¡Dios! Qué bien habla este hombre, como mínimo es abogado ¡la leche!

Está claro que no piensa dejarme mucho tiempo para meditar, ya estaba dando el siguiente paso…dejar la pelota sobre mi tejado. Que poco me gusta tener que decidir. Y más con todo aquello que tenga que ver con el sexo masculino, siempre termino dentro del charco más profundo y embarrada hasta las orejas. Necesitaba meterme de lleno en el trabajo. Después decidiría que hacer.

Dicho y hecho, comenzaron las llamadas y el ajetreo normal de la oficina. Guardé el móvil en el bolso, así evitaba la tentación de leer y releer el mensaje.

Estaba cogiendo el coche para volver a casa cuando decidí volver a echar un vistazo, tenía unos cuantos sin leer, pero también tenía otro de mi gallego confeso, esta vez una imagen, era un reloj de arena con el tiempo ya vencido…¡qué impaciente! Ya me ha puesto de los nervios. Sin pensarlo dos veces llamé. Ni idea de que iba a decir cuando descolgase, pero…¡no contestó! Increíble…será petardo, me mete prisa y ahora no contesta.reloj de arena

Arranqué el coche y me fui directa al gimnasio,  una sesión de ciclo además de hacerme sudar me despejaría la mente. No obstante, en cada semáforo miraba el puñetero móvil. ¿Llamadas?¿Nuevo mensaje? ¿Está en silencio? No, no y no.

Llegar a casa y relajarme fue todo uno. Abrir la puerta y que Baddy salga a recibirme como si llevara años sin verme, es de agradecer. Las rutinas de la noche y la conversación con mi hija me dejaron liberarme de ese agobio que sentía en el pecho. Me fui a la cama con el portátil, no tenía sueño. Fue entonces cuando me devolvió la llamada. ¿Ahora?

  • ¿Si? – contesté con el corazón golpeando con fuerza.
  • Buenas noches ¿Es mal momento?
  • Depende para qué – contesté cortante
  • Para que me des tu respuesta. – soltó “el señorito”
  • Entonces, sí lo es. Buenas noches – Y ¡¡¡colguééééééé!!!

Pero ¿qué haces? ¡so pánfila! ¡qué borde, por dios! ¡Si nunca lo soy! Habrá pensado que soy una rancia, una estreñida o peor aún que soy una amargada que necesita un polvazo (muy descaminado no va). Marqué de nuevo, ring… no me lo va a coger, ring… no me lo va a coger, ring, ring…al próximo timbrazo cuelgo…ring

  • ¿Cambiaste de opinión? – respondió
  • Perdóname, he sido un poco…
  • Borde, diría yo
  • Tienes razón. ¿Empezamos de nuevo?

Toma ¡me colgó! Flipada estoy. Me quedé como una tonta mirando la pantalla observando la foto de mi hija y mi perro disfrazados  de Gangsters sin saber qué hacer. En ese momento volvió a sonar, pegué un bote en la cama, me pilló en fase de shock.

  • Hola
  • Buenas noches ¿Es mal momento?
  • Depende para qué – esta vez respondí divertida, estaba comenzando de nuevo la misma conversación (qué rico)
  • Para que me des tu respuesta – contestó por segunda vez.

No pude evitar soltar unas risitas nerviosas

  • Pues la verdad no he tenido mucho tiempo para sopesar que puede ser más ventajoso para mí.
  • Créeme, no lo pienses demasiado. Casi siempre la primera idea es la buena. ¿Cuál ha sido la tuya?
  • Pues voy a serte sincera. La primera opción me atrae bastante. Soy bastante impulsiva e impaciente y lo quiero todo YA. Pero es verdad que también me gusta deleitarme, alargar los tiempos. Es como comerte un helado, hay quien los come a mordiscos y hay quien, como yo, los saborea.– Había silencio al otro lado de la línea, creo que no había elegido el mejor ejemplo. – ¿Estás ahí? –pregunté
  • Sí, sí.  Te escuchaba, aunque has hecho que mi imaginación volase un pelín. Disculpa. ¿Entonces? ¿Saboreamos?
  • SABOREAMOS

NO LLUEVE ETERNAMENTE. CAPITULO IV: CHOCOLATE PARA ENDULZAR.

A una velocidad vertiginosa, mi estado de ánimo había pasado de echar pestes por la boca y mugir como un Miura en chiqueros, a parecer una linda damisela ilusionada que pasea dando saltitos, cual Blancanieves con los animalitos del bosque. Efectivamente, tal es el poder y el efecto de unas bonitas palabras en una mujer (para que luego digan que somos complicadas).

Busqué la excusa de salir a comprar una chocolatina a la cafetería para someter a un exhaustivo interrogatorio a Manuel, el conserje del edificio (a veces le llamo Celestina, está como loco por encontrarme novio).

-¡Buenos días Manuel!

-¡Hola guapa! ¿Has dormido mal o qué? Casi dejas al pobre Hugo sin nariz- me contestó entre risas (descojonado sería la palabra exacta).

-¿Me has visto?-pregunté extrañada-¡Yo a ti, no!

– Si hija, estaba detrás de ti fumando un cigarrito. Pero vamos, te he visto yo y alguno más.

-¡joer! Ya estoy dando el cante para no variar – a mí que me gusta pasar desapercibida.

-Una cosita Manuel- no veía la forma de entrar en materia.

-Dime.

-¿En el edificio hay algún gallego? Por ejemplo Hugo ¿es gallego?-intenté ser lo más disimulada posible.

-¿Y eso? Si que te has levantado rara tú hoy- me contestó divertido

-Venga, di, que tengo que volver al despacho.

-Que yo sepa, es asturiano ¿te sirve? Asturias y Galicia son comunidades colindantes. Creo que no tiene novia ¿se lo pregunto?

-¡Nooo! ¡Calla! di ¿hay algún soltero digo algún gallego? ¡Coño que me lías!

Las carcajadas sonaron con eco en el portal ¡que tío, es un liante!

-Aquí hay de todo, incluso ingleses e italianos.

-¿Y gallegos?

-¡Que perra te ha entrado a ti con los gallegos, maja! Pues claro, también hay alguno: Marcos es gallego, Laura y Pilar creo que también…Alejandro

– Pues estás tardando, investiga y te invito a unas cervezas y ahora, voy a por una chocolatina.

– Venga, te acompaño.

Bajamos las escaleras que llevan a la planta sótano, allí tenemos una pequeña sala con máquinas de vending, unas sillas y unas mesitas para tomar, si te apetece, el café allí. Normalmente no bajo y las pocas veces que lo he hecho no me he encontrado con nadie, pero hoy al entrar había otra persona que andaba sacando un café de máquina.

-¡Hombre! ¿No dices siempre que estos cafés son asquerosos?-Atacó Manuel por sorpresa.

Se giró  y sonrió, aunque pareció sorprendido al verme allí.

-Sí-contestó-pero hay que empezar el día con energía y estos –hizo un gesto levantando el vasito de plástico-de puro malos, despiertan a un muerto. Buenos días- me saludó.

-Hola, buenos días.

CHOCOLATE PARA ENDULZAR

CHOCOLATE PARA ENDULZAR

– ¡Tu mejor no tomes café que ya he visto que vienes con fuerza!

Me tapé la cara con las manos, noté el calor en las mejillas. No hace falta decir que los dos se echaron a reír.

Saqué las monedas del bolsillo y les contesté- ¡voy a probar con el chocolate, a ver si es capaz de endulzarme el día! Y dibuje una sonrisita como  cumplido.

Estaba marcando: A64. 50 cts., cuando Manuel le preguntó:

-Marcos, tú eres gallego ¿verdad?

Cayó la chocolatina y el mismo resorte que la empujó al vacío me hizo girar justo a tiempo para ver como Marcos contestaba mirándome a los ojos con sonrisa picarona

-Sí, de Santiago.

NO LLUEVE ETERNAMENTE. CAPITULO III: ¡¡¡STOP!!!

¡Ufff! Que mal me he levantado hoy, pelín “sulfurada” diría yo.  No sé qué me afecta más, si la luna como buena canceriana o la regla que está a punto de visitarme. Porque dejémonos de tonterías, la regla nos afecta y mucho ni es un tópico ni un mito, es puritita realidad (manda “eggs”) Por su culpa mi carácter y estado de ánimo fluctúa a su antojo, la mayor parte de las veces lloro por los rincones como la “Zarzamora” y las menos me pongo de mala leche y hoy…toca.

A ver que yo me entere, aquí mi amigo el Sr. Gallego y Grey en adelante GiGi, me pide que le regale una sonrisa.

      – ¡Ja! -Acaba de aparecer y ya esta pidiendo el menda-  Perdone Ud., pero yo voy con la sonrisa puesta desde que me levanto, pero hoy precisamente…no y no es por no darle el gusto, es que ya empiezo a pensar mal.

Analicemos la situación: ¿Realmente en el siglo XXI  existe un tío en el planeta que en plena madurez pre-menopáusica ligue al estilo Humphrey Bogart? Por cierto mi hija no sabe ni quien es Bogart.

Mis amigas por supuesto piensan que sí:

Mi amiga Tere desde su kiosquito de Chinchón me dice:

        – Que ilusión, verás que emocionante…vive el momento amiga que ya es hora !luego ya se verá!

O mi Rosita, que le encantan los viajes:

        – Tía con lo bien que se come en Galicia ¡ya te veo de mariscada y ribeiriño!

Y  Anita, tan soñadora como yo:

        – Que sí chiqui que te lo mereces ¡Deja de ser tan negativa contigo!

angry_baby        – ¡Stop! ¡Alto! No tenéis solución, no soy negativa, soy realista. ¿acaso no habéis visto como acabaron las historias anteriores? Nada de romanticismo. Que ni será guapo, ni millonario ni tendrá helicóptero ni cuarto rojo (¡cuánto daño a hecho esta historia!) Después lo solucionáis todo con un “eras mucha mujer para él”, “él se lo pierde” etc, etc..

Se acabó ya la historia, estoy segura de que me está tomando el pelo, cuando menos me lo espere me llamará y dirá:

    – ¡Sorpresa! ¡Tontorrona que soy yo! No me digas que te lo habías creído, anda pon los pies en el suelo que ya te lo dice tu cuñada el “Pais de las Hadas” no existe!

Voy a salir del garaje de una vez, estoy que muerdo y encima llegaré tarde a la oficina.

Al salir me saluda el portero de casa, bayeta en mano y sonrisa puesta…se la he devuelto sin gana…lo que faltaba, como sea él (ay no porfi, porfi, porfi)

Está empezando a llover,  todo se pone en consonancia: mal humor, atascos, lluvia, semáforos (todos en rojo)…un asco

Gracias a Dios que tengo plaza de garaje en la oficina así no tengo que preocuparme de buscar hueco.Últimamente la puerta de entrada al portal del edifico se atasca y hay que empujar con fuerza, hoy no he controlado el empujón y casi le doy en toda la cara a un moreno de ojos grandes con el que me cruzo de vez en cuando, no sé su nombre, creo que trabaja una planta o dos más arriba y casi siempre baja la mirada.

     – Perdón me he pasado un poco, buenos días – No he podido evitar reírme, lo siento…cuanto nos gusta reírnos del  mal ajeno.

     – No te preocupes, tengo buenos reflejos. Buenos días- Me ha contestado sonriendo y esta vez me miró a los ojos.

No sé por qué, algo me llamó la atención y me giré. El también lo había hecho pero nos dimos la vuelta rápidamente.

       – ¡Mierda! Me ha visto mirar.

Mientras el ordenador se pone en marcha he aprovechado para dar los buenos días a todos los grupos de whatsapp antes de silenciarlos. Nada  más dejar el móvil en la mesa me ha entrado un mensaje, ahí estaba Mr.GiGi

        – Otra frasecita no, por favor- supliqué antes de leer.

        “Buenos días y gracias por complacerme.

Ya veo que tu mal humor no es capaz de reprimir tus sonrisas.

Por favor no sucumbas al LADO OSCURO DE LA FUERZA jejejeje”

        – Anda, ha salido graciosillo. Tenía yo razón, no es un Sr. Grey cualquiera es  Obi Wan Kenobi.

NO LLUEVE ETERNAMENTE. CAPITULO II

ME TOCA!!!

Pistas lo que se dice pistas…ni una.

¿Un romántico? Puede ser

¿Un galán? Sí de esos  que saben que con cuatro palabras bonitas nos llenan la boca de agua y nos inflan el corazón, probable.

¿Un cazador? Al acecho de la presa más indefensa…ufff, tal vez.

Quién sabe, como preferir, prefiero al primero pero son una especie en vía de extinción. 

Esperaremos a ver como discurren los acontecimientos.

El caso es que ahora me tocaba mover ficha. Si el juego iba a consistir en enviarnos fotos y frasecitas creo que pronto dejaría de motivarme.

Por supuesto yo también sabía hacer esperar, en absoluto debía parecer ansiosa pero sí hacer un movimiento mejor que el suyo o al menos obligarlo a arriesgar un poco más.

Pensé en enviar una frase más directa como:

 ¿Vienes o voy?

 ¡Búscame! Es el momento

 Pero claro el juego podía tomar otros cauces o colgarme el “San Benito” de facilona. Así  que  eché mano de uno de los grandes mitos sexuales, la inigualable  “Marilyn Monroe”, estaba segura de encontrar alguna cita adecuada. Y así fue, no una sino varias que han ido a parar a mi cajita de Idun para futuras jugadas.

48 horas exactas después envié mi contestación:

marilynfrase2

Me desconecté rauda y veloz, para nada quería aparecer “en línea”, era como tirar la piedra y esconder la mano. Sin embargo no pude evitar, media hora después, echar un vistazo y ¡voilà! ahí estaba el “doble check azul” ¡Ea! Servido y entregado. No pude evitar sonreír. Mi hija que no pierde detalle me soltó un “ya tienes cara de tonta, ¿le conozco?” (quién habrá parido a esta niña, digo yo)

– Anda, vamos a dormir cotilla

– Jo mamá, no se te puede decir nada, todo te sienta mal- con las mismas salió refunfuñando  y levantando el polvo por donde pasaba.

Me disponía a pegar el ojo sin pensar en nada cuando sonó el whatsapp. Será Anita seguro. Para mi sorpresa era el “gallego invisible”, me pilló con la seguridad en modo “off”, no esperaba respuesta tan rápido,  Marilyn había hecho un buen trabajo.

 – Bob Marley decía: “La curva más linda en una mujer es su sonrisa” ¿Serás mañana tan generosa como para regalarme otra como la de hoy? Y no te preocupes, la espera no será larga soy muy puntual, cuida de tus sueños. Buenas noches.

 Ja! Voy a por una “dormidina”. De un plumazo este tío me ha quitado el sueño.

 ——-

NO LLUEVE ETERNAMENTE. CAPITULO II

READY…GO!!!!

¡Ja! Qué si jugamos. Verdaderamente no me conoce muy bien, o tal vez sí. Me encanta jugar, me encanta la intriga, comerme la cabeza, buscar, indagar y si puedo aliñarlo con un poquito de seducción, picardía y tonteo…tendremos un plato exquisito.

– Muy bien, juguemos. – esa fue mi respuesta antes de finalizar la llamada

Debía  plantear una estrategia a seguir, algo difícil dado que desconozco absolutamente todo de mi rival, lo mejor será esperar a que mueva él, necesito datos y su movimiento me los dará.

Pasé parte de la noche buscando en mi cabeza en que momento había estado tan cerca de un desconocido.

Comencé a repasar mentalmente mis movimientos de los últimos días, al no utilizar transporte público me quité de un plumazo a un número incalculable de sospechosos, suspiré aliviada.

Gimnasio: Imposible, hace  días que no aparezco y la chaqueta no me acompaña.

Ascensor de casa: Rotundamente No, descartado.

Supermercado: ¿El frutero? No le veo yo con ese puntito juguetón, además son todos madrileños, nada…

En “Azúcar” ¿Bailando Latino? …quizás al marcharme, podría ser. Pero no recuerdo haber bailado con un gallego, más bien no recuerdo haber bailado con españoles. El 70% de los hombres de Azúcar son latinos, sin embargo el 70% de las mujeres somos españolas (que cosas, oye) Aunque también es posible que no hayamos bailado. Mañana sábado y con la ayuda de mis “Venenitos” haremos criba en “Azúcar”…3 Salsas, 2 Merengues y 2 Bachatas, entre golpes de cadera, ron-coca y morenos de camisas reventonas buscaremos al gallego infiltrado. Me quedé dormida imaginando la situación.

Me levanté mucho más animada, la noche del sábado pintaba muy bien. Pasé toda la mañana  plumero en mano limpiando la casa cantando aquello de …”una aventura es más divertida si huele a peligro…” y pensando que vestidito me pondría esa noche, no tenía ni idea de cuándo, dónde y cómo decidiría comenzar con la partida, pero creo que no me lo pondría tan fácil, además quería estar guapa, por nada del mundo quería ser pillada en modo “Chino-Style”

Pese a poner empeño y abrir los ojos como platos no fuimos capaces de encontrar pistas que entre baile y baile nos acercaran a nuestro objetivo. Frustrante.

El fin de semana estaba llegando a su fin, empezaba a tener el firme convencimiento que se trataba de otro graciosillo con ganas de tomarme el pelo. Estaba preparando la cena cuando llegó un mensaje de whatsapp, bajé el desplegable para mirar (el doble check azul me mata). Era él, me enviaba  una imagen. No pude evitar la tentación de entrar, aún a riesgo de perder las croquetas que chisporroteaban en la sartén. Eran dos amantes fundidos en un abrazo y una frase al pie que decía:

“La vida es el arte del ENCUENTRO” (F.C.)

ENCUENTRO

 —–

NO LLUEVE ETERNAMENTE.

INTRODUCCION.

Por fin el reloj marcaba las seis de la tarde, estaba harta de estar metida en un despacho, el día se estaba haciendo interminable. Cerré mi odiado programa de contabilidad y cogí la chaqueta para marcharme a casa. Hoy tampoco voy al gimnasio, no consigo quitarme de encima esta sensación de dejadez que últimamente se me pega al cuerpo.

Cerré la puerta del despacho y busqué las llaves del coche en el bolso, ni rastro. Instintivamente toqué el bolsillo de la chaqueta y ahí estaban, al  tirar de ellas cayó al suelo un papel, me agaché a recogerlo, pensé que sería un comprobante de visa. Sin embargo era un papel blanco muy bien dobladito. Lo desplegué y leí:

 

Llámame

Llámame 726.061.968

 

¿Cuándo, dónde y cómo había llegado este papel a mi bolsillo? Estaba segura que no me había sido entregado en mano.

Fui hacia el coche y me quedé sentada al volante un rato más. No negaré que estaba intrigada a la vez que divertida. ¿Huele a aventura? O tal vez sean las ganas que tengo de tener una ilusión o un motivo para levantarme con una sonrisa en la boca.

Para, para, paraaaa – Me dije en voz alta- ¡¡Ya te estás lanzando!! Ya estás dejando libre tu imaginación. Recuerda: los Príncipes Azules no existen, ni azules, ni rojos, ni amarillos, ni, ni…¡NI siquiera sabes si se trata de un hombre!

Comprobé mi lista de contactos, por supuesto ese número no aparecía. interrogante¿Tendrá  Whatsapp? Grabé el número. ¿Nombre? Coloqué tres signos de interrogación. Inmediatamente consulté la lista de contactos…ahí estaba. Su foto de perfil: un interrogante de color rojo y sonriente (¿casualidad?) su Estado: NUNCA LLUEVE ETERNAMENTE.

Volví a mirar el papel, era una caligrafía limpia, grande y de trazos firmes. Le doblé y le metí en el fondo del bolso, arranqué el coche y subí el volumen de la música, sonaban LOS SECRETOS “Gracias por elegirme”, canté con ellos como si la vida me fuera en ello. Debía desconectar como fuera.

¡Dios! Que mala es la curiosidad. He entrado al baño más de diez veces con  el móvil en la mano, creo que mi hija sospecha que empiezo a tener problemas de incontinencia. Qué triste.

No puedo más, marco y LLAMANDO…

-¡Hola!- una voz masculina y agradable respondió.

-Hola – antes de poder decir algo más, continuó

-¿Te ha costado mucho decidirte? O ¿la curiosidad ha sido más fuerte que tú? – preguntó divertido.

Lo más seria que pude, respondí – ¿Nos conocemos?

-Digamos que nos hemos cruzado varias veces- y con voz sugerente continuó – alguna de ellas lo suficientemente cerca como para meter mi numero en tu chaqueta.

-Vaya, te has ocupado personalmente.

-Sí. Ya que vi que la telepatía no funciona contigo opté por un medio algo más tradicional.- Ahora sí, rió abiertamente y no pude evitar reír con él.

Que fatalidad, me estaba cayendo bien y para colmo me encantaba su voz, era dulce y un ligero acento ¿gallego?

-Vale. Ya nos hemos reído un poquito los dos, puedes decirme ¿quién eres?

-No

-¿No?

-No, es más divertido así. Ahora mirarás a todos los hombres con los que te cruces con otros ojos. Y sí, soy gallego pero disimulo muy bien el acento. No te ayudará.

-¿Has decidido jugar conmigo?

-He decidido que juguemos los dos. ¿Comenzamos la partida?

============================================================

EL ROMPEOLAS VIII. LA CAJA DE IDUN

¡Cuánto me cuesta poner el pie en el suelo! Desde que volví a Madrid, no soy capaz de levantarme tan temprano, incluso Baddy está perezoso. Cambiar arena fina de playa por asfalto no nos ha gustado nada.

Llegué hace más de un mes y la verdad que ha sido como comenzar desde cero. ¿Cuántas veces lo he hecho durante estos dos últimos años? Y la previsión dice que no será la última. Cierto es que cada vez es diferente, en cada momento he dado carpetazo a una etapa de mi vida: ilusiones truncadas, falsas amistades, amores fantasma… pero no siempre esos carpetazos se llevan cosas malas, por desgracia también se llevan las buenas.

Esta vez ha sido fácil, volvía a casa. Sólo tenía que abrir la puerta de la rutina y saludar con mi mejor sonrisa ¡Aquí estoy!

Abrí mi “Caja de Idún” y allí encontré: los retos pasados que aún siguen vigentes, las ilusiones fabricadas en muchas noches de lágrimas aún sin cumplir, los recuerdos, las vivencias…las he sacado todas y las he vuelto a colocar por orden de prioridad. Hay un nuevo compartimento en mi Caja, el de las emociones. Ahí he colocado todo lo vivido en la playa. Fue intenso, inolvidable y seguramente irrepetible.

La fiesta de despedida organizada por Faus fue maravillosa, realmente te das cuenta de los amigos que haces sin apenas esfuerzo, no faltaba nadie y en sus ojos se veía sinceridad, emoción e incluso gratitud. Promesas de seguir en contacto, de visitarnos…la mayoría quedarán solo en eso, promesas.

La última noche la pasé con Alex, era inevitable. Me quité todas las cadenas y me dejé llevar a la que sería mi primera, única y última noche con el hombre misterioso que conocí un día de lluvia.
No fue un encuentro romántico, no fue una noche de novela rosa ni tampoco apareció el Sr. Grey, pero me dio exactamente lo que yo necesitaba: tiempo, ternura, susurros…
Sus dedos hábiles recorrieron centímetro a centímetro mi cuerpo, deteniéndose en cada curva, en cada rincón, parecía estar memorizando mi silueta. Consiguió con paciencia relajar mis nervios, olvidar mis complejos y dejarme llevar, sólo entonces me besó.

– Eres una mujer especial, fuerte…serás lo feliz que tú quieras ser.
– No nos volveremos a ver ¿verdad?
– Turi -me respondió mientras acariciaba mi pelo- soy un hombre sin raíces, hoy estoy aquí y mañana…mañana no sé dónde amaneceré. Si me necesitas, llámame y recorreré los km que sean necesarios, pero no me pidas más.

Sólo quedaba pues, dar las gracias por el servicio prestado, por hacer una marca más en mi corazón, dejar su firma en mi pecho y sacarme durante un tiempo del letargo en el que estaba sumida.

Cada vez que mire mi pecho y vea estas flores tatuadas, traerán a mi memoria esos ojos verdes, esas manos cálidas, lengua experta y sonrisa inolvidable.

Este maldito destino, ese que mi hija me dice que tiene algo mejor reservado para mí, volvía a poner en mis labios la miel para sólo poder saborearla con la punta de mi lengua. No conforme con eso, tenía que dejarme su recuerdo grabado en mi piel para el resto de mi vida.

Destino caprichoso,

deja de burlarte de mí,

deja que esta vez gane yo la partida,

mis cartas son buenas,

no guardo ningún As en la manga.

Déjame apostar a “caballo ganador”

EL ROMPEOLAS VII

Confirmado. En quince días vuelvo a Madrid. Y cómo no, las noticias más que correr vuelan.  Ya todos mis compañeros están al corriente de mi marcha. Que difíciles se tornan estos momentos en los que los sentimientos se cruzan y chocan unos con otros.

Faus, del departamento de informática, ya se está encargando de hacerme una fiesta de despedida. Desayunamos juntos casi todos los días, ha intentado incluirme en sus grupos de amigos en un par de ocasiones sin mucho éxito por causas “perrunas”, así que tiene una espinita clavada deseando de eliminar, estoy segura que pondrá toda la carne en el asador, logrará emocionarme.

Al llegar a mi despacho Lucy estaba esperándome con los brazos cruzados  y apoyado en mi mesa.

– No. No te puedes ir a Madrid. Me niego -Me dijo mirándome seriamente

Sonreí emocionada – ¡No seas tonto, Lucy! No me digas esas cosas o serán muy difíciles estos quince días.

– ¡Pues ya me dirás con quien voy a hablar ahora de mis libros favoritos!

– ¡Con Esther! Que por cierto espero que venga a la despedida que está preparando Faus. Ya te vale, después de tanto tiempo y aún no la conozco.    Lucy es un hombre encantador, aunque me vuelve loca con sus informes económicos.

El día en la oficina había sido muy intenso, necesitaba como “agua de mayo”  llegar a casa y poner en marcha todos los preparativos para la vuelta. Además mantendría mi mente ocupada, iba relegando conscientemente a Alex al último confín de mi cerebro. Llevo dos días sin hablar con él, haber dejado al descubierto toda mi fragilidad me hacía sentir desnuda. Ahora debía volver a colocar esa armadura que me acompañaba los últimos años, antes de volver a enfrentarme de nuevo a sus ojos.

Cuando llegué a casa Baddy salió a saludarme como siempre. Me cambié de ropa y salí a pasear. De vuelta pasé a saludar a Nacho, mi casero.

– ¡Buenas tardes Nacho! Ya está confirmado, en quince días vuelvo a Madrid.

–  Cuánto lo siento y de verdad, no lo digo por el apartamento.

– Lo sé y te agradezco mucho lo bien que te has portado con nosotros.

– El agradecido soy yo.  Aquí tenéis vuestra casa para cuando queráis y un amigo para siempre. – Nos dimos un cariñoso y sincero abrazo de mutuo agradecimiento.

Subí a la que he considerado mi casa durante casi un año, se avecinaba una noche de lágrimas difíciles de calificar. Cogí el teléfono, antes de dar la noticia a mi hija, debía hablar con Vicente, mi “ex”. La relación era escasa pero cordial aunque no sabía como reaccionaría esta vez, Sara volvería a casa conmigo, ese fue el pacto. La conversación fue corta, como casi todas. Era de esperar, se ha acostumbrado a vivir con ella, creo que la noticia le ha caído como un jarro de agua fría. A mi regreso  hablaremos los tres, huelo nuevo acuerdo.

Mi estado de ánimo era como una bomba de relojería a punto de estallar, euforia por volver, pena por marcharme y ansiedad al enfrentarme a un sentimiento hacia Álex que no sabía aún como llamar: ¿ilusión? ¿capricho? ¿necesidad? ¿enamoramiento? Ni siquiera sabía lo que él quería de mí. Posiblemente…NADA.

Descolgué el teléfono:

– ¡Hola Pedro, vuelvo a Madrid! ¿te queda algo de ese roncito dominicano que compartimos?

– ¡Hola Turi! ¡Claro tía, para tí siempre! ¿Y esa vocecita? ¿Mal de amores? No me jodas, ¿eh? – Sonreí-

– ¡No,  pero necesito echar unas risas!

– ¡Aquí te espero guapa! además tengo un crucerito por el Rhin que te va a encantar, con eso se te pasan todos los males. Avísame en cuanto estés por aquí.

Siempre pienso en lo afortunada que soy al estar rodeada de estupendos amigos siempre dispuestos a tenderme una mano y sacarme una sonrisa. Mis amigas “casadas” ¿qué haría yo sin ellas?, pensar en mi hija, mi familia y en ellos me hacía más dulce el trago tan amargo que me esperaba.

Decidí adelantar ese ron y tomarlo en soledad, busqué uno de mis CDs favoritos y lo coloqué en el equipo de música que me prestó Nacho. Bachatas, la primera en sonar fue una versión del “Stand by Me” y eso hizo traer a la memoria una noche de baile con mi querido Juli. Bailamos sin parar, salsa, merengue y bachata, ésta precisamente la bordamos. Tenemos largas conversaciones y no hay día que no salga a relucir ese baile. Incluso me dice – ¡Turi, ese baile es una bonita historia para escribir! ¿Cómo no le voy a querer? No quedan muchos hombres con sus valores y que además me tenga en un pedestal. Queda anotado en la agenda: mi primer viernes en Madrid será para bailar Bachata con Julian y sus amigos.

Todos estos planes, las lágrimas y el sopor del Ron me dejaron dormida  en el sofá hasta altas horas de la madrugada.

Amanecí con dolor de cabeza. Hoy tampoco saldré a pasear por la playa.

EL ROMPEOLAS VI

ATARDECER

ATARDECER

– ¡POR FIN LUNES!

Que de mi boca salieran estas palabras era algo impensable, pero ha sido un fin de semana muy intenso. El primero en sufrir las consecuencias ha sido  Baddy -menos mal que no es rencoroso- se ha quedado sin su paseo matinal, no me he levantado con fuerzas para encontrarme con Alex. 

Me alegré de que Sara volviera a Madrid en coche con Carlos, aunque ya es mayorcita no me gusta que viaje sola.

Cuando recibí la llamada de Alex invitándonos a comer en el chiringuito, decidí tomar la calle de en medio y aceptar, eso sí advirtiendo de nuestra visita inesperada. Tras una primera toma de contacto con miradas interrogantes en todas direcciones, encajamos muy bien. No faltó la sangría fresquita,el partido de voley en la playa y el juego de palabras encadenadas con remojón de castigo. En fin después de cenar unos crêpes y unos helados nos despedimos de Alex. Las chicas optaron por ver una peli en el sofá y Carlos y yo tomamos una copa en la terraza, Gin-Tonic para él y Ron-Coca para mí. Nos pusimos al día mutuamente de nuestros fracasos matrimoniales, nuestro afán de superación y cómo no -antes de despedirnos hasta mañana- la pregunta que llevaba en el aire todo el santo día:

– Muy agradable Alex ¿Hace mucho que le conoces?

– No, hace unas semanas nada más, coincido con él durante mis paseos por la playa y casualmente también ha sido mi tatuador.

– Muy bonito por cierto. – Sonreí – Quiero pedirte disculpas, las chicas te han preparado una encerrona y la verdad yo presté al juego…ahora me alegro más aún de haberlo hecho.

– No te preocupes pero no entiendo por qué no me habéis dicho nada, habría preparado un fin de semana…mejor.

– ¿Mejor? Es perfecto ¡espontáneo! A veces no disfrutamos los momentos por estar pendientes de que todo esté en su justa medida. ¡Relájate! estás siendo una anfitriona maravillosa- se levantó y acompañó un “hasta mañana” con un beso en la mejilla.

El domingo pasó rápido. Carlos me eximió de la tarea de pasear a Baddy, cuando me levanté ya se habían marchado. Me pregunto si pretendía encontrarse con Alex o simplemente fue otra actitud “espontanea”.

Siempre me cuesta separarme de mi hija y para evitar caer en la melancolía salí a pasear con mi fiel amigo, necesitaba analizar el fin de semana. Esa manía que tenemos las mujeres de dar vueltas y vueltas a la cabeza, buscar explicaciones y razones a palabras, miradas, adelantando preocupaciones a hechos que ni siquiera sabemos si ocurrirán.

Para sacarme de mis pensamientos volvió a sonar el móvil-esta vez no era un número desconocido- era Alex. Dudé. No sabía si contestar u optar por encerrarme en mi misma y olvidarme del resto del mundo.

– Hola Alex ¿Qué tal?

– Hola Turi. Bien  ¿sola de nuevo?

– Sí, hace un par de horas que se marcharon.

– Déjame acompañarte quiero enseñarte algo, creo que te vendrá bien.

– No sé Alex, no estoy muy animada no creo que sea buena compañía.

– Eso déjame que lo diga yo ¿Una hora?

Volví a casa para ducharme, dejé que el agua caliente cayera un buen rato sobre mí. Elegí un pantalón pitillo azul añil y una camiseta amplia semitransparente, esta vez dejé los tacones y opté por unas manoletinas aunque Alex es bastante alto no tenía ganas de subirme a esos zancos, me maquillé ligeramente un poco de color en las mejillas, rimel en las pestañas y brillo en los labios. Comencé a sentir un nudo en el estómago. Alex me ponía nerviosa. Cuando bajé ya me estaba esperando y tenía en la mano ¡dos cascos! Subida en la acera una Harley ¡preciosa!

– ¿Te gustan las motos?

– ¡Me encantan! -mi ánimo cambió en 0,0

Me ayudó a colocarme el casco y a subir detrás de él, me agarré a su cintura y me dispuse a disfrutar del paseo. Hicimos una pequeña ruta y de regreso tomó una carretera de gravilla que llegaba casi al borde de un pequeño acantilado sobre el mar. Soltó unas hebillas de la moto y sacó dos esterillas que extendió cerca del borde.

– Ven, descálzate y siéntate pero esta vez de  espalda al mar. Cierra los ojos, deja tu mente en blanco, abre tus sentidos, escucha las olas, huele el mar, siente el aire que te roza.

Me sentía flotar su voz me adormecía.

– Abre los ojos ¿Ves como el sol se oculta? ¿Ves el cielo teñido de naranjas y amarillos? Cada día ves amanecer en la playa, pero te olvidas de mirar el ocaso, Toda pérdida sea del tipo que sea, existe para dejar espacio a nuevas oportunidades, nuevas experiencias, no las cuestiones, vívelas.

Ni quería ni podía mirarle. Él simplemente se levantó, me abrazó y me acunó como a una niña pequeña, yo me dejé llevar, abrí la puerta que tan fuertemente había cerrado y dejé salir todas esas lágrimas que había retenido estos últimos años.

EL ROMPEOLAS V:  UN DESAYUNO AGITADO…choychu

– Lo siento mi hija viene a pasar el fin de semana conmigo y estoy en exclusiva con ella.- Hizo un gesto de aceptación con las manos, dí media vuelta y salí ¿huyendo?

Reconozco que últimamente  me he vuelto más borde y he pasado de ser una mujer complaciente buscando la felicidad para todo aquél que me rodeaba a huir de todo  aquello que me pueda herir ¿Cobardía? ¿Egoísmo?¿Independencia? Llamése “X” tal vez cansada de esperar de los demás una parte de lo que doy (ya, eso es egoísmo y no generosidad) Sea como fuere y a estas alturas de mi vida había decidido no depender de los demás, sean del sexo que sean, para hacer aquello que me apetezca o necesite. Por supuesto la satisfacción no es la misma solo sirve para alimentar mi orgullo.

Alex ejerce sobre mi una atracción difícil de dominar pero en la que me resisto a caer, no quiero repetir errores pasados. La distancia es la mejor medicina para este mal.

Llegaba el tren a la estación y me sacó de mis pensamientos tenía 48 horas por delante que mantendrían de nuevo mi cabeza en otros menesteres.

Teníamos tantas cosas que contarnos que nos fuimos tarde a la cama, tampoco teníamos necesidad de madrugar, sin embargo a eso de las 9 de la mañana empezó a sonar mi móvil, era un número desconocido, no contesté y enfurruñada me di la vuelta en la cama pero volvieron a insistir.

– ¿Siii?-Contesté molesta.

-¡Hola soy Paula! ¡amiga de Sara…del Instituto! ¡qué ya hemos llegado!- El soniquete de su voz era de emoción contenida-

-¿Cómo?- Sara me miró desde su cama con cara de…¡Se va a liar parda!

-¡Sí! quedé con Sara que llamaba nada más llegar, pero tiene el móvil apagado ¡menos mal que ayer me dio tu número!- sí menos mal pensé mientras fulminaba a mi hija con la mirada.

– ¡Hola Paula! perdona pero me has pillado dormida y no entiendo nada te paso con Sara y lo habláis.-

-¡Noo! Espera mejor te paso a mi padre.

-¡Buenos días soy Carlos! Perdona ¿os hemos despertado? No podía sujetar más a Paula…estamos en la puerta de “Toma que churro” ya que hemos hecho esta entrada al menos ¡os invitamos a desayunar!.- A pesar de tener una voz grave sonaba simpática y con ganas de agradar o enderezar el entuerto que se presentaba.

-Bien pues…danos veinte minutos.

-Sin problema, los que necesitéis.-

– Sarita…¿Algo que explicar?

– Mamá, es que…verás, los padres de Paula también se divorciaron hace tiempo y su padre es muy simpático y como hablo tanto de tí a Paula…y este finde no tenían plan…entonces pensé que sería buena idea..

-¡Pensaste y no consultaste!-dije malhumorada- ¡Sabes de sobra que no me gustan las visitas sorpresa!

-¡Es guapo y simpático!-

-Vamos vístete que nos están esperando ¡ah! y recuerdame que te estrangule después.

De mala gana bajé al “Toma que churro”, las dos amigas se abrazaron divertidas y con sonrisas picaronas. Me encontré con un hombre apuesto, de complexión física en su punto-como los chuletones de Ávila-de pelo negro aunque lucía canas digamos que al 50%, ojos oscuros y elegante pese a vestir bermudas y chanclas, el polo color rojo favorecía su piel morena.

Sonrió y me saludó -¡Estas chicas son unas liantas! Espero que no te hayas molestado.

Le devolví una sonrisa que intentaba ser lo más sincera posible- No te preocupes vamos a desayunar, necesito un café.-

Tomamos asiento, chocolate con churros para ellos tres y café para mí, hoy más cargado y sin azúcar, necesitaba despertarme para enfrentarme a la “lidia” de ese toro.

El primer sorbo de café me quemó la garganta- amargaba el condenado- fue muy eficaz  me espabilo en el acto. No habíamos cruzado más de cuatro palabras cuando sonó de nuevo el móvil, de nuevo un número desconocido ¿otra sorpresa? Esta vez me disculpé y descolgué…

-¿Si?

-Hola Turi, soy Alex ¿Cómo va tu tatoo?- Estaba claro que hoy no era mi día, apenas eran las diez de la mañana y ya tenía mi segundo sobresalto.

-Buenos días, bien está perfecto.

-Perdona el atrevimiento pero tu teléfono aparece en la agenda de clientes del estudio ¿Os apetece una paellita en el chiringuito de la playa para comer?

-¡TIERRA TRAGAMÉ!-Supliqué

EL ROMPEOLAS  (IV)

Según mi superior es muy probable que en breve vuelva a Madrid, mi cometido está prácticamente concluido con éxito, en plazo y forma. Una medalla más para mi curriculum, no puedo quejarme.

Llevo tres meses viviendo junto al mar, lo echaré mucho de menos. El sonido de las olas, el olor del mar, la arena bajo mis pies llenan mi alma de ese sosiego, paz y libertad que tanto necesitaba. Pero si he de ser sincera, Madrid me llama, soy una enamorada de mi ciudad natal, pasear por El Retiro, por el Pº El Prado, los teatros de la Gran Vía, las tapitas en La Latina…¡Dios! voy a parar o la nostalgia me invadirá.

Desde que me instalé , mi hija adolescente viene a visitarme fines de  semana alternos. Mañana Baddy y yo iremos a la estación a recogerla y aprovecharemos al máximo cada minuto.

Cuando me separé, mi hija, mi perro y yo formamos una nueva familia y ahora, por mi trabajo, su padre y yo  intercambiamos los papeles. Siempre busco actividades para compartir, pasamos las noches conversando ¡Hay tantas cosas que contar! Aún hablando a diario por teléfono, no hay nada mejor que contar confidencias, anécdotas y experiencias cara a cara, abrazada a la almohada y mirando su carita. ¡Se hace mayor! Aún no había decidido si hablaría con ella de mis encuentros con el “hombre misterio”.

Sin embargo sí tenía decidido hacer un cambio en mi aspecto físico. Llevaba meses sopesándolo y cada vez que pasaba por delante del estudio de Tatuajes, me paraba a mirar las fotos y diseños del escaparate, me encantan los tatuajes, no sería el primero tengo dos más. Pero esta vez quería arriesgar, había elegido un lugar de mi cuerpo mucho más visible para mí, era el momento adecuado, estaba segura, quería hacerlo.

Traspasé la puerta y salió a recibirme el tatuador que tantas veces vi a través del escaparate. Melena rizada hasta la cintura recogida en una coleta floja, patillas hasta la mandíbula y perilla “cabrera”, por supuesto sus brazos estaban tatuados y lucia un piercing en la ceja.

– Hola. Soy Enric ¿En qué puedo ayudarte?

– Hola – sonreí.- Quiero hacerme un tatuaje.

– ¿Has elegido lugar? ¿Tienes un diseño o quieres que te ayude?

– Pues verás, te explico. Quiero que sea en el pecho, el diseño no lo tengo decidido quiero que me aconsejes, por mi trabajo voy siempre muy arreglada, así que si se ve debe ser fino, elegante…

– Y ¿Sexy? Supongo que también ¿no? Cuando te veas desnuda tienes que sentir que tu tatuaje está en armonía con tu cuerpo.

– Sí, claro. Sexy también, porqué no.

– Qué te parece si te das una vuelta mientras, yo busco un diseño que se adapte a lo que buscas, preparo el calco y lo ves en tu piel.

– Perfecto ¿media hora?

– Ok

Bueno el paso ya estaba dado, siempre tengo la sensación de que una mano invisible me da el último empujoncito. Mientras paseaba recordaba las palabras de Enric ¿sexy? nunca me ha gustado la imagen de la mujer desnuda que el espejo me devolvía. Creo que por eso dedicaba tiempo a elegir mi ropa, era la que me hacía sentir segura. El tiempo pasó muy rápido, volví al estudio, Enric me había preparado unas enredaderas con flores de loto para rodear el pecho, sin embargo había descartado un dibujo de unas flores de mayor tamaño que llamaron mi atención.

– ¿Y esas? – pregunté

– ¿Te gustan? Las había descartado, pensé que te parecerían grandes pero si quieres podemos reducirlas y probar ¿Qué dices?

– ¡Sí! Quiero probar con estas.

-¡Dame 5 minutos!- Era un tipo que disfrutaba con su trabajo, estaba claro.

Tuve que quitarme la camiseta y quedarme en sujetador para que colocase el calco en el lugar elegido.

-¡Joder, tía! ¡Te queda brutal! Vas a poner cardíaco a tu marido cuando te vea.

Noté como el rubor subía a mis mejillas-parezco una adolescente- No tengo marido.- Contesté.- Decir eso y ver como chispeaban los ojos de Enric fue todo uno.

-Entonces te regalaré una vara que tengo para que espantes a los moscones que te sigan por la playa.

No pude reprimir una carcajada. Me imaginé en la playa con la vara y mi “nuevo amigo” dirigiéndose hacia mí.

– Me encanta- le dije a Enric- ¿Cuándo vengo?

– ¿Mañana? ¿Te viene bien a las cinco?

– Muy bien.

– Solo una cosita, yo no estaré, tengo una convención en Barcelona. Te tatuará un amigo y lo hará tan bien como yo. Y no te preocupes ya te he dicho que te quedará ¡brutal! pero prométeme que el lunes vendrás a enseñármelo.

Me sonrojé de nuevo- De acuerdo, vendré.

A las cinco en punto estaba en la puerta del estudio. Elegí unas mallas deportivas, camiseta y en vez de sujetador, opté por un bikini de cortinilla, sería más fácil para él y cómodo para mí. El mostrador estaba vacío, pero una sombra se movía tras los cristales de la sala, debía estar preparando todo. ¿Cómo sería? No sé por qué me había imaginado a mi tatuador como un hombre tipo “armario ropero”, calvo y con infinidad de tatuajes y piercing.

Una voz me dijo desde el otro lado- ¡un segundo!- Me sonaba familiar ¿a quién me recordaba esa voz?

– ¡Vaya, vaya que sorpresa Turi! A quien menos me esperaba que tendría en esa camilla era a ti y mucho menos para tatuarte en el pecho- Me pareció ver una sonrisa picarona mal disimulada, me plantó dos besos y me invitó a entrar en la sala con un gesto de la mano. No paraba de hablar ¿nervioso tal vez? ¿divertido? Por mi parte no tenía ni puñetera gracia.

-Hola Alex. Si quieres que te diga la verdad, tampoco yo pensé que me encontraría contigo en esta sala.

– Ha sido una sorpresa  para ambos ¿Qué te parece  si empezamos? Tenemos un par de horitas de trabajo.

– Claro, cuanto antes.¡No quiero arrepentirme!

– Lo dices por el Tatoo o ¿por mí? Y sonrió con ganas dejando a la vista una dentadura perfecta ¿Qué pasa? ¿Este chico no tiene defectos?

– Ponte cómoda, descálzate y desnúdate…quiero decir la camiseta-rectificó divertido cuando vio la mirada de estupor que le lancé.

-¿Me lo parece? o ¿estás disfrutando de lo lindo?

– Vamos, túmbate y relájate.

Dos horas permanecí en esa camilla, con sus ojos y su boca a escasos 15 cms. de la mía. Su mirada iba del tatuaje a mis ojos, vigilaba mis gestos.

– ¿Bien?

– Sí, muy bien.

– Eres una mujer dura ¿eh?

– Es cuestión de acostumbrarse al dolor- En ese momento lo que menos notaba era la aguja que dibujaba sobre mi piel.

– Tenía razón Enric. Te queda precioso. Has elegido bien.

Limpiaba con cuidado la zona eliminando los restos de tinta. – ¡Te estoy poniendo  perdida, tienes tinta hasta en el cuello! y me limpió con suavidad.

-Bueno, ya está. Terminado. Te dejo a solas para que te mires libremente en el espejo sin el bikini. Así es como se aprecian las obras de arte, sin nada que distraiga la vista y una obra de arte no es sólo el motivo es el conjunto que la compone.

Me dejó herida de muerte. Salió de la sala y decidí mirarme al espejo sin el bikini. La verdad…me encantó, parecía un dibujo, no había inflamación y la irritación era mínima. Me vestí y salí.

-Ahora que te he visto semi desnuda creo que hay suficiente confianza como para cenar juntos ¿Te viene bien esta noche?

EL ROMPEOLAS (III)

lluvia en la playa

A las seis en punto sonó el despertador al contrario que otros días salté como un resorte de la cama, hasta Baddy me miró extrañado.

Al salir a la calle me encontré con un cielo encapotado amenazando lluvia, incluso ya se podía oler a tierra mojada. Eso no era obstáculo para nuestro paseo pero sí para el “hombre contemplativo”, al menos eso pensé. Sin embargo no estaba segura de si me alegraba por ello.

Elegimos por supuesto nuestra ruta habitual, no iba a permitir que un desconocido influyera en mi rutina. ¡hasta ahí podíamos llegar! 

Nada más pisar la arena de la playa comenzaron a caer las primeras gotas, la temperatura era cálida y agradecía el frescor de la lluvia.

Inevitable fue dirigir mi mirada al rompeolas, como imaginé no había nadie en aquel mirador privilegiado. Resoplé primero con alivio, después con decepción.

– ¡Al final van a tener razón los hombres cuando dicen que las mujeres somos complicadas!-

– No Baddy, no te lo digo a tí. No sabes la suerte que has tenido de nacer perro-

Dejar salir mis pensamientos en voz alta fue abrir la puerta a una maraña de sentimientos, ideas, ilusiones y desesperanzas…noté como mi entusiasmo, mi fuerza vital, se venían abajo. Mis pensamientos negativos devoraban a los positivos. Dos gotas surcaron mi rostro hasta mis labios, eran saladas, ya sabía que había perdido la batalla, de nuevo tendría que dar al “reset”, volver a buscar mis metas y las ganas de superarme.

Tan absorta estaba en mis pensamientos que no vi como un hombre se acercaba a mí, al igual que yo, no llevaba impermeable ni paraguas, debía estar calado hasta los huesos.

– ¡Otro loco suelto!- sonreí, era gratificante no sentirse sola.

Cuando levanté la vista observé al hombre “sopa”. Se había parado.

¿Me esperaba? ¡Dios! Ahí estaba otra vez.

Baddy también le reconoció, buscó un palo y meneando la cola se fue hacia él (“Cría cuervos y te sacarán los ojos”) 

-¿Por qué elegí un Golden y no un Doberman?- murmuré. 

Se agachó y le recibió como si de su dueño se tratase. ¡Lo que me faltaba! No me quedó más remedio que continuar mi camino y acercarme hasta allí, la lluvia había cesado.

-¡Baddy no seas pesado! ¡Deja a este chico en paz!

– Alex – Y extendió su mano- Ayer te fuiste tan rápido que no pude presentarme.- El apretón de manos fue firme y seguro por ambas partes.

– Turi – Contesté – Es un apodo cariñoso con una larga historia- Me justifiqué. Fue un acto reflejo, no sé por que motivo solté el nombre que utilizo solo en mi entorno más íntimo. Pronto empiezo a hacer concesiones, mal empezamos.

– Creo que nos vendría muy bien un café, estamos empapados.

-Gracias, pero mejor otro día. Se me ha hecho tarde- estaba “acojonada” además de horrorosa con el pelo mojado.

– Bien, como quieras. En otra ocasión será.

– Sí – Contesté – Adiós

-Hasta mañana- 

Dí media vuelta y salí huyendo por segunda vez consecutiva.

– ¡Turi!

Me giré al oír mi nombre, empezaba de nuevo a llover con intensidad.

– No existe ninguna desilusión que no se pueda volver a alimentar. No desperdicies tus lágrimas.

   EL ROMPEOLAS (II)pensativa

Me quedé petrificada. Sólo un lametón de Baddy logró sacarme del trance.

No sabía que contestar. Mantenía fija su mirada en la mía.

¡Díos! Me costó un esfuerzo enorme romper ese magnetismo. Tan solo alcancé a murmurar una escueta despedida a la que él, ni siquiera contestó.

Salté a la arena y comencé a andar como un autómata. No quise mirar atrás aunque notaba esos ojos verdes fijos en mí. Los sentía y los veía en mi mente.

El camino de vuelta se hizo interminable. Iba con el tiempo justo. Una ducha caliente y la prisa por llegar a la oficina mantendrían mi cabeza ocupada. Al menos eso esperaba.

Después de un duro día de trabajo, interminables llamadas, montañas de papeles, reuniones…regresé a casa. Aún no había decidido si repetiría mi paseo  diario por la playa.

– Pero…¡era mi paseo! ¿Por qué cambiar o prescindir de algo que me gusta? ¿Por qué? ¿Por un desconocido? –

– Si no quería verle, con no llegar al rompeolas, todo solucionado-

– Es un “pirao”, seguro.- Pero un “pirao” con unos ojazos de infarto, eso es jugar con ventaja. Con mucha ventaja. Mis armas son mucho más inofensivas, eso suponiendo que las tenga.

De momento voy a dormir, estoy agotada.

Cuando suene el despertador…decidiré. 

EL ROMPEOLAS I

Como cada mañana cuando los primeros rayos de sol asoman por el horizonte, salgo a pasear con mi perro por la playa. Las primeras horas del día son ideales para apreciar el amanecer, oler el mar, escuchar el oleaje y eliminar de mi cabeza tanto lastre negativo acumulado. El mejor momento del día sin lugar a dudas.

desembocadura jucar Como cada mañana, caminamos hasta el rompeolas, como  hacía con mi madre…había que llegar hasta las rocas y  tocar con el pie una de ellas (daba suerte).

 Como cada mañana, sentado en la misma roca, un hombre  observa absorto el amanecer, le envuelve un halo de  serenidad y misterio a partes iguales. No muestra ningún  interés por nosotros ni un gesto ni una mirada.

Hoy nuestro hombre misterioso no estaba en su lugar, sentí una punzada de decepción, me había acostumbrado a su presencia. Cuando llegué al rompeolas decidí ocupar su lugar, tenía curiosidad quería  ver con sus ojos. Me invadió una sensación de paz. Desde luego era un lugar privilegiado para observar la inmensidad del mar y la magia del amanecer.

Baddy me sacó de mi ensimismamiento, comenzó a mover el rabo y mirar fijamente detrás de mí. Allí estaba, de pie. Me dio un  vuelco el corazón, me sentí “pillada in fraganti” Me levanté y saludé.

-Buenos días, disculpa he ocupado tu lugar. ¡Has sabido elegir bien! Te dejamos que disfrutes.

– ¿Te ha funcionado? ¿Te has sentido bien?- Tenía una voz grave, serena y unos ojos verdes increíbles-

– Sí, funciona. -Sonreí nerviosa- Siento decirte que aprovecharé tus ausencias o retrasos para disfrutarlo.

– No me he retrasado. Estaba esperándote.

images (17)

TU PUEDES

Sentada frente a un café, sola y necesitando desesperadamente un abrazo y un hombro sobre el que llorar.

Dos años necesité para preparar mi boda, cinco minutos para terminar con una relación de más de 20 años, dieciséis de ellos bajo la bendición de la S.M.I.

Al salir del juzgado, una última mirada buscando un arrepentimiento o una última explicación antes de separarnos definitivamente, mis ojos sólo contestaron con un “lo siento” aquí se separan nuestros caminos. Sí, lloré y él…creo que también.

Y ahora, qué.

Ahora soy lo que quería ser,  una mujer libre. Libre para soñar, para crear, para querer, para dar, para encontrar, para vivir a mi manera.

Así que:

Seca tus ojos, sal a la calle y pisa firme. Sal a buscar tus sueños, tus anhelos, lucha por ellos sin descanso y demuestra al mundo que TU PUEDES. Que no es un capricho ni un error que ahí fuera está esperando tu razón para VIVIR.

EL ENCUENTRO

Sin título

Cuántas noches enjugué mis lágrimas viviendo aventuras en mi imaginación?

¿Cuántas noches conseguí dormir escuchando en mi mente, palabras de amor?

Jamás llegué a pensar que esas fantasías podrían algún día, convertirse en realidad.

Y sin embargo, había llegado el momento que tanto anhelaba. Pero, al igual que los cuentos de hadas, había que pagar un precio. Sólo por una noche. Al día siguiente todo lo vivido, sería un recuerdo.

Apenas le conozco hace unos meses, es apuesto, inteligente, divertido. Me ha tomado bien la medida, en unas pocas conversaciones ha descubierto mis carencias. Debo aprender a ser menos transparente, apuntado queda en mi agenda de tareas pendientes.

Aún no sé cómo he sido capaz de llegar hasta aquí. De proponer a un “extraño” que me ayude a cumplir mis deseos más íntimos. Sin embargo, con él, fue fácil. Sutilmente me empujó a dar el paso, sin ni siquiera darme cuenta.

Ahora me encontraba en el centro de una habitación, con el abrigo aún puesto, esperando. Era la habitación que tantas veces me imaginé, increíble ¿se había materializado directamente desde mis sueños? Maderas nobles, techos altos, la chimenea ya encendida y una alfombra de pelo suave frente a ella.

Como siempre, quería que todo fuese perfecto. Pero ¿lo conseguiría? mi mente y mi corazón ¿estaban preparados para un solo encuentro?

No tuve más tiempo, un coche se acercaba por el camino de arena. Una fuerza interior se abalanzó sobre mi pecho, impidiendo que el aire circulase por mis pulmones.

¡Maldita angustia! ¡Necesitaba salir corriendo!

Tomé una bocanada de aire, abrí tímidamente la puerta y…ahí estaba, con su sonrisa perfecta y una mirada pícara que veía por primera vez.  No tuve  tiempo de nada más, dos pasos…y me besó apasionadamente, perdí la noción del tiempo, del lugar. Disfruté como nunca antes lo había hecho. Misión cumplida. Durante unas horas viví de amor, un amor ficticio que traspasó cada poro de mi piel.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s